Gestión Pública

Informe del Defensor Adjunto, Walter Martello: la marihuana, el deporte y un negocio multimillonario

/Difusión Prensa Walter Martello/ Defensor del pueblo Adjunto/


La marihuana va configurando un negocio sideral, manejado por enormes corporaciones: tabacaleras, fabricantes de bebidas y hasta la poderosa industria farmacéutica. El patrocinio al tenista norteamericano Jhon Isner: un paso más de la industria del cannabis en el deporte. Los intereses económicos  vinculados al negocio de la marihuana es uno de los temas desarrollados en el libro “Salió Mal”, de próxima aparición.

Isner, actualmente en el puesto 14 del ranking mundial de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), se convirtió en la primera estrella de ese deporte en recibir el patrocinio de una compañía de la industria de cannabis para uso terapéutico[i]. Se trata Defy, una marca de bebidas de recuperación física preparada con el cannabinoide CBD (no psicoactivo).

Defy

El logo de esta empresa, fundada en 2017 por el ex jugador de fútbol americano Terrell Davis, de los Broncos de Denver, aparece desde los últimos días estampado en los gorros que usa Isner, quien además ya consume la bebida en los partidos del circuito mundial.

El objetivo de la bebida es ayudar a los atletas a revitalizar sus cuerpos, y la firma de John Isner es el último impulso de la compañía para convertirse en la empresa líder en llevar el CDB a los deportes profesionales. El CBD es uno de las muchas moléculas contenidas en la planta de cannabis, cuyo uso es trascendental para tratamientos con pacientes que sufren diversas enfermedades: desde epilepsia a fibromialgia, de cáncer a artrosis. Y no produce efectos de embriaguez como el otro componente químico “estrella” de la planta, el THC, que también tiene aplicaciones medicinales y está siendo usado para la elaboración de bebidas no alcohólicas con efectos psicoactivos.

Defy se comercializa en tres sabores, contiene una variedad de diferentes electrolitos y vitaminas además de los 20 miligramos de CDB. Isner es otro deportista que se sumó al creciente negocio del cannabis. En mayo pasado el golfista del PGA Tour Bubba Watson firmó un acuerdo de varios años con la empresa cbdMD.

El Big3, una liga de baloncesto de “3 contra 3”, se convirtió el año pasado en la primera liga deportiva profesional en permitir a los jugadores usar el CDB. Por ahora otras ligas de Estados Unidos, como la NFL y la NBA, son estrictas con sus limitaciones, pero se espera que haya cambios más temprano que tarde. Son muchos los jugadores de básquet y fútbol americano profesional que han hablado de los beneficios que les produce consumir marihuana para calmar dolores posteriores a los partidos y bajar el nivel de estrés.

Matt Barnes (38), ganador de un anillo de la NBA con los Golden State Warriors, confesó el año pasado a la BBC Sport, que el uso de la marihuana es “generalizado” a pesar de haber estar prohibida en los reglamentos de la principal asociación de básquet del mundo.

Barnes contó que usa cannabis desde los 14 años y negó que sufriera una adicción a la sustancia. Durante sus 14 temporadas en la NBA con siete equipos diferentes, usó los beneficios de esta planta milenaria para controlar el dolor, para relajarse y para dormir mejor. “Me dio paz mental”, reflexionó.

Ahora bien, ¿Qué le pasaría a un deportista profesional en Argentina, que haya fumado marihuana, si tuviera que someterse a un antidoping? De no modificarse los reglamentos, sería suspendido. Uno de los últimos casos, que trascendió públicamente, fue el del exfutbolista de Gimnasia y Esgrima La Plata (actualmente en Chacarita Juniors), Luciano Perdomo, que dio positivo por consumir cannabis con fines recreativos, recibiendo una dura sanción que lo dejó un año fuera de las canchas.

La pena aplicada a Perdomo no estuvo exenta de polémicas. Primero, porque fumarse un porro no puede ser considerado desde ningún punto de vista como un consumo que pueda estar destinado a mejorar el rendimiento deportivo. Por otro lado, porque las sanciones por dopaje que aplican los Tribunales de Disciplina parecieran no tener cuenta el tipo de estupefaciente, sus efectos reales y los contextos en los cuales se concreta esos consumos. Por ejemplo, Brian Fernández, exjugador de Racing, recibió igual sanción que Perdomo tras haberse detectado la presencia de cocaína -una droga mucho más dura que la marihuana- en el control antidoping que se realizó tras un partido frente a River por la Copa Libertadores 2015, pocos meses antes de la suspensión del volante de Gimnasia.

Brian Fernández – se fue a jugar a Chile, luego fue transferido a México y actualmente milita en Portland Timbersde la MLS de Estados Unidos – reconoció haber consumido y fue más allá. Dijo que padeció una adicción producto de una situación traumática derivada de la trágica muerte de un hermano: “La droga te saca la familia, te saca amigos, te saca plata. De a poco te va sacando todo”, afirmó el futbolista, luego de superar un tratamiento de desintoxicación[ii].

En la mira de las tabacaleras

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima la cantidad de consumidores de tabaco en unos mil millones de personas[iii] . Es decir, 1 persona de cada 7. Este número, fuente de riqueza de las tabacaleras, es el objetivo de la incipiente industria del cannabis ya que si se consume tabaco (y también alcohol) en busca de efectos psicoestimulantes, lo mismo bien podrían buscarse en un cigarrillo de cannabis. Dicha ambición tiene una base empírica consistente con la cual ilusionarse. De hecho, serán las propias tabacaleras las que podrían terminar quedándose con los beneficios de su competidor.

Todo indica –al menos en EEUU– que la legalización conduce a una paradoja en donde la distribución de las ganancias del negocio parece desproporcionada e injusta. Aquellos activistas que durante décadas lucharon por su derecho a cultivar y consumir legalmente marihuana, y que incluso arriesgaron su libertad en ello, tras la legalización solo han obtenido el derecho a poder consumir el cannabis recreativamente en forma legal, mientras que grandes corporaciones en un futuro no muy lejano serán las que se lleven los dólares y capitalizarán una lucha de la que fueron ajenos. Unos se quedan con la victoria ampliando sus derechos civiles, otros tendrán un negocio de miles de millones de dólares.

Un artículo del periódico The Guardian[iv]publicado en octubre de 2018 comentó:

“El desafío moral de la industria es garantizar que los grupos que más han sufrido durante la guerra contra las drogas puedan participar en la carrera verde y disfrutar del trofeo de la legalización”.

La industria del tabaco no está sola en su interés por el cannabis. La Corporación RAND[v], creada en 1948 por el gobierno de EEUU para vincular nuevos conocimientos con el complejo industrial-militar, es un “think tank” civil que se ocupa de realizar trabajos de investigación. Nutre de información para el diseño de políticas públicas, cubriendo un amplio espectro de temas que abarca desde energía, seguridad, salud, tecnología, inteligencia, medioambiente, y un largo etc. Su principal “cliente” es el propio gobierno de EE.UU.

En su web, RAND se autodefine como una entidad dedicada a “fomentar y promover fines científicos, educativos y de caridad para el bienestar público y la seguridad de los Estados Unidos”. Esta corporación fue pensada para ser la vanguardia del conocimiento y asesorar al gobierno norteamericano sobre lo que pasará en el futuro. Y en cómo hacer para que ese futuro se alinee con los intereses del gobierno.

RAND no parece estar orientada por una ideología “progre”, sino más bien por la derecha conservadora. Por eso, llama la atención que también posea, al menos públicamente desde 1989[vi], un Centro de Investigación de Políticas de Drogas, teniendo una división de investigación de la “Marijuana”[vii]. De hecho, RAND es uno de los mayores productores de “papers” sobre estupefacientes, teniendo entre sus filas a cientos de académicos de las principales universidades de EE.UU. y del mundo.

El interés de RAND en la marihuana es el interés del gobierno norteamericano. En 2009, esta corporación realizó un minucioso trabajo para determinar el volumen real del mercado mundial del cannabis. Según sus estimaciones, la venta ilegal minorista se ubica en un rango de entre los 40-120 mil millones de euros, siendo la cifra más aproximada la de 70 mil millones de euros. Ese es el tamaño del botín que hoy por hoy estaría en disputa.

La industria del alcohol presente

Durante mucho tiempo. las corporaciones que manejan el negocio del alcohol no veían mayores complicaciones dada la dificultad de utilizar el cannabis de manera industrial: el THC no es soluble en agua. Pero, recientemente, técnicos de la empresa canadiense Province Brands han logrado producir cerveza[viii] en base a cannabis, utilizando tallos y raíces fermentadas con lúpulo y levadura. Se obtiene así una bebida no alcohólica que brinda en el consumidor efectos psicoactivos ya que cada pinta de cerveza contiene promedio 6,5 mg de THC.

Esta cerveza podrá salir a la venta al público a partir del día 17 de octubre de 2019, pocas semanas después de editarse este libro, fecha establecida por la autoridad regulatoria canadiense del Departamento de Salud que planteó la modificación del “Reglamento de Cannabis” en lo atinente a “comestibles que contienen cannabis”.

La industria del alcohol no quiere quedar fuera del juego. Por eso invierte en su antagonista. Un reciente informe de la consultora Delloite responde a la pregunta ¿es el cannabis un sustituto o un complemento de las bebidas alcohólicas? La respuesta es que puede desempeñar un papel muy importante como sustituto de la cerveza, los licores y el vino.  Este estudio indica que el 41% de los usuarios de cannabis recreacional de Canadá ven en este tipo de consumo una alternativa a las bebidas con alcohol, al punto que los autores le auguran un próspero futuro al naturalizarse su utilización: “…el consumo de cannabis recreativo eventualmente se normalizará y se generalizará, provocando tanta reacción como tomar una pinta de cerveza artesanal”.

La industria del alcohol no se queda quieta. La compañía Constellation Brands, dueña de la marca de cerveza Corona, invirtió en agosto de 2018 una suma de 3.371 millones de euros para adquirir el 38% de las acciones de la empresa canadiense de cannabis Canopy Growth Corporation[ix] . A su vez, Diageo PLC -fabricante de la conocida cerveza Guinnes- también estaría en tratativas para incursionar en las bebidas con cannabis.

Como si todo esto fuera poco, el medio especializado en finanzas Bloomberg informó, en septiembre de 2018, que Coca-Cola Company estaría conversando con la empresa Aurora Cannabis Inc.[x]con la intención de producir en el futuro un refresco que contenga aceite de cannabidiol (CBD).

El negocio de la marihuana es un de los temas desarrollados en el libro “Salió Mal”, de próxima aparición.

[i] “John Isner se convierte en la primera estrella del tenis auspiciada por una empresa de cannabis”, portal Infobae, 30 de julio de 2019

[ii] “La cruda confesión de Brian Fernández, ex delantero de Racing”, Portal Infobae, 26 de febrero de 2019

[iii]  Nota descriptiva sobre el tabaco, Organización Mundial de la Salud (OMS)
https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/tobacco

[iv] Cannabis capitalism: who is making money in the marijuana industry? The Guardian, 3 de October de 2018
https://www.theguardian.com/society/2018/oct/03/cannabis-industry-legalization-who-is-making-money

[v] RAND, acrónimo de Research And Development (Investigación y Desarrollo)
https://www.rand.org[vi]  Ley N° 23.737

[vii] https://www.rand.org/topics/marijuana.html

[viii] “El dueño de la cerveza Corona en EE UU invierte 3.371 millones en marihuana”, diario El País de España, 16 de agosto de 2018
https://cincodias.elpais.com/cincodias/2018/08/15/companias/1534341829_354119.html?rel=mas

[ix] Web institucional de Canopy Growth Corporation
https://www.canopygrowth.com/

[x] “U.K. alcohol giant Diageo circling Canada for cannabis deals”,  BNN Bloomberg
https://www.bnnbloomberg.ca/u-k-alcohol-giant-diageo-circling-canada-for-cannabis-deals-1.1128030


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