/Fuente: Federación Bioquímica de la Provincia de Buenos Aires- FABA Informa /
Por Dr. Ricardo López Santi, Director de Procordis de FBA
A pesar del paso de las décadas y del constante avance de la ciencia, la hipertensión arterial continúa siendo un enorme acertijo por resolver.
Nadie puede poner en discusión el impacto que esta patología tiene a nivel global en términos de discapacidades, vidas y recursos de los sistemas de salud.

En la región de las Américas, la hipertensión arterial involucra a unos 250 millones de personas y en Argentina en particular afecta a un 35% de la población adulta de manera estable en los últimos 15 años, tal como lo muestran las 4 ediciones de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo.
Hoy se cuenta con un arsenal farmacológico adecuado y relativamente accesible. Sin embargo, el doble desafío que se enfrenta es por un lado, tener un diagnóstico oportuno y que una vez diagnosticada la enfermedad se alcancen las metas de valores inferiores a 140/90 mmHg.
En el primer punto se estima que la mitad de los pacientes hipertensos no saben que lo son. Aquí cobran enorme significación las campañas de concientización en las que se busca sensibilizar a la comunidad respecto de realizarse controles periódicos a los fines de evitar males mayores. La hipertensión, según la Organización Panamericana de la Salud, es el principal factor de riesgo para padecer una enfermedad cardiovascular, que es responsable de 1,6 millones de muertes cada año en la región.
El segundo punto es el alcance de metas, que implica varias aristas. Por un lado, referidas a los tratamientos farmacológicos que deben ser acordes con la evolución de las cifras de presión arterial. En más de un 70% de los casos se requiere de una combinación de dos o tres drogas lo que en pacientes polimedicados implica el riesgo de falta de adherencia. Frente a esta realidad se proponen combinaciones fijas, es decir varios componentes en un solo comprimido. Recientemente el estudio QUARTET reveló buenos resultados de un comprimido con cuatro componentes a ¼ de la dosis estándar versus monodroga a dosis plena.
Otro aspecto es la observación de las medidas no farmacológicas como la dieta hiposódica, la actividad física y mantener un peso adecuado. En un contexto obesogénico, producto de malos hábitos en la población, se ponen de manifiesto datos epidemiológicos desalentadores. En Argentina uno de cada cuatro ciudadanos adultos es obeso y el 65% reporta sedentarismo.
Abordaje integral
Finalmente en un paciente con diagnóstico de hipertensión arterial, bajo tratamiento médico y que alcanza metas, no está todo resuelto. La posibilidad de daño de órgano blanco obliga a un seguimiento dirigido a la valoración de la función renal y cardiaca. Por otro lado la asociación con diabetes y dislipidemia aterogénica como integrantes del síndrome metabólico obliga a un abordaje integral del paciente.
El aporte bioquímico en esta fase es fundamental. El diagnóstico precoz de las alteraciones del metabolismo glucémico (glucemia en ayunas, curva de tolerancia a la glucosa y hemoglobina glicosilada), lipídico (valores de LDL de acuerdo a nivel de riesgo) y renal (clereance de creatinina, microalbuminuria) resultan cruciales al momento de estratificar el riesgo cardiovascular y seleccionar las herramientas terapéuticas apropiadas. Por ese motivo para considerar que un paciente hipertenso se encuentra bien tratado no alcanza solo con mostrar cifras inferiores a 140/90 mmHg, sino que de acuerdo al escenario clínico que presenta requiere a veces estar recibiendo otros fármacos como estatinas y antiagregantes plaquetarios.
La salud pública debe facilitar con sus políticas que los pacientes encuentren el manejo adecuado en los servicios de salud, lo que determina el armado de equipos que permitan el abordaje interdisciplinario y el allanar el acceso tanto a la atención como a los distintos tratamientos.
Hipertensión arterial, un viejo conocido que obliga a replantear estrategias.