/Fuente: FABA Informa – Entrevista al Dr. Ignacio Idoyaga /
El Dr. Ignacio Idoyaga recibió el Premio LabsLand 2024 a la Innovación Educativa con Laboratorios Remotos
Una herramienta con gran potencial educativo que permite ampliar el acceso, responder a trayectorias formativas diversas y acompañar a profesionales que trabajan y estudian al mismo tiempo.

Por Ana M. Pertierra
FABAinforma se comunicó con Ignacio Julio Idoyaga, Bioquímico, Doctor de la Universidad de Buenos Aires y Docente Autorizado de la Facultad de Farmacia y Bioquímica. Director Adjunto del Centro de Investigación y Apoyo a la Educación Científica y miembro de la Carrera del Investigador Científico del CONICET. Líder del Laboratorio de Experimentación con Tecnologías de la Información y las Comunicaciones para la Innovación y el Aprendizaje (LETICIA) del Centro de Investigación y Apoyo a la Educación Científica (CIAEC) de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires.
El Dr. Idoyaga ha estado a la vanguardia de la integración de laboratorios remotos en cursos universitarios masivos, avanzando significativamente en la metodología de la enseñanza y el desarrollo de la investigación educativa. Su enfoque innovador ha revolucionado la forma en que los estudiantes interactúan con conceptos científicos complejos, haciendo que el aprendizaje sea más accesible e interactivo, lo que lo hizo acreedor al Premio LabsLand 2024 a la Innovación Educativa con Laboratorios Remotos.
En esta entrevista, Idoyaga explica los alcances de las herramientas de la inteligencia artificial así como sus limitaciones éticas
¿Cómo se aplican y cuál es el rol de las herramientas de la IA en la educación a distancia y la capacitación y actualización profesional en ciencias del laboratorio?
En los últimos años hemos visto cómo la inteligencia artificial dejó de ser solo un área de conocimiento y desarrollo restringido a determinados circuitos académicos y tecnológicos para popularizarse y ofrecer herramientas concretas que transforman los modo de producción académica y las prácticas educativas, entre otros muchos aspectos de la vida en sociedad. Desde mi experiencia en educación científica y en el trabajo con laboratorios universitarios, creo que la IA puede cumplir múltiples funciones: generar actividades personalizadas, asistir en la comprensión de fenómenos complejos, proponer simulaciones que complementan prácticas experimentales, y facilitar la retroalimentación, incluso en entornos asincrónicos.
Pero lo más interesante resulta su potencial educativo: puede ayudarnos a ampliar el acceso, a responder a trayectorias formativas diversas, a acompañar a profesionales que trabajan y estudian al mismo tiempo, o que necesitan actualizarse sin interrumpir sus tareas. Por supuesto, esto implica un profundo trabajo didáctico y ético: no se trata de automatizar por automatizar, sino de integrar estas tecnologías con sentido, desde una mirada crítica, situada y comprometida con la formación en salud y ciencia. Se trata de innovar sin delegar funciones vitales de la tarea docente, revisando que la inclusión de estos algoritmos responda a una oportunidad de aprendizaje y sosteniendo la mirada crítica sobre posibles sesgos, alucinaciones y muchos otros desafíos que aparecen cuando se incorporan tecnologías digitales.
¿Cuáles considera los aspectos éticos de estas nuevas tecnologías en el campo de la salud?
Como educador, investigador y ciudadano, me preocupa mucho que el avance tecnológico no vaya por delante de nuestras capacidades para entenderlo, regularlo y apropiarlo para usarlo responsablemente. En el campo de la salud, y también en la formación de profesionales de la salud, los desafíos éticos son múltiples: desde la protección de datos sensibles, hasta los sesgos algorítmicos, pasando por la opacidad de ciertas plataformas y el riesgo de delegar decisiones en sistemas que no siempre comprendemos del todo.
Además, hay un punto que para mí es clave: la inteligencia artificial no puede reemplazar el juicio profesional, ni el criterio clínico, ni el compromiso humano con el cuidado del otro. Lo que sí puede hacer es asistirnos, darnos tiempo, ayudarnos a tomar mejores decisiones. Por eso creo que debemos formar a los profesionales de la salud y las ciencias en su uso ético, crítico y contextualizado, desde el pregrado hasta la formación continua.
¿Cómo funciona el Laboratorio LETICIA del CIAEC en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA?
LETICIA es un laboratorio singular. Nació como respuesta a una necesidad muy concreta durante la pandemia, pero rápidamente se consolidó como un espacio de innovación permanente. Está ubicado en el CIAEC, el Centro de Investigación y Apoyo a la Educación Científica de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, que promueve el estudio de la educación científica en todos sus niveles.

«La inteligencia artificial no puede reemplazar el juicio profesional, ni el criterio clínico, ni el compromiso humano con el cuidado del otro. Lo que sí puede hacer es asistirnos, darnos tiempo, ayudarnos a tomar mejores decisiones. Por eso creo que debemos formar a los profesionales de la salud y las ciencias en su uso ético, crítico y contextualizado, desde el pregrado hasta la formación continua».
Desde LETICIA buscamos experimentar con tecnologías emergentes (IA, asistentes virtuales, laboratorios remotos, laboratorios virtuales, realidad inmersiva, simulaciones, impresión 3D) para repensar cómo se enseña y cómo se aprende en contextos universitarios, en especial en disciplinas que requieren contacto con lo experimental. No nos interesa la tecnología como adorno o moda, sino como una posibilidad de transformar la práctica educativa, de acercar lo complejo, de dar voz a nuevas formas de aprender, y de ampliar el derecho a una educación científica significativa y de calidad.
Funcionamos como un espacio colectivo, abierto al intercambio, donde convergen investigadores, docentes, estudiantes y desarrolladores. Diseñamos recursos, evaluamos propuestas didácticas, generamos evidencia y formamos a otros. Y sobre todo, tratamos de construir un puente entre la didáctica, la tecnología y la ciencia internacional.
¿Es un laboratorio pionero en su temática en comparación con otras universidades del país? ¿Cuándo y por qué surge en la FFyB?
Sí, podríamos decir que LETICIA es pionero. En Argentina no abundan los espacios institucionalizados que trabajen de forma sistemática la relación entre tecnologías digitales, inteligencia artificial y enseñanza de las ciencias experimentales. Nuestro laboratorio surgió en 2020, en plena pandemia, como una respuesta a una pregunta urgente: ¿cómo sostenemos la enseñanza científica universitaria cuando no podemos acceder a los laboratorios? Pero lejos de pensar solo en la emergencia, elegimos proyectarnos. Creamos LETICIA con una visión de futuro.
Desde la FFyB, una facultad con una larga tradición en la formación de profesionales del laboratorio, entendimos que el problema no era solo tecnológico, sino pedagógico, institucional y también epistémico: necesitábamos recuperar la naturaleza experimental de las ciencias, incluso en entornos mediados, y al mismo tiempo, formar a los docentes y estudiantes para que puedan habitar esos entornos críticamente.
Hoy, LETICIA es una referencia para otras universidades, con vínculos nacionales e internacionales. Pero lo que más nos enorgullece es haber demostrado que la innovación no es privilegio de empresas tecnológicas, sino que puede nacer desde la universidad pública, desde una comunidad comprometida con la mejora de la educación y con el derecho a aprender ciencias de forma profunda, significativa y con sentido humano.