Alejandro García: un médico veterinario que lleva la profesión al corazón de las misiones humanitarias internacionales

/Fuente: Colegio de Veterinarios de la Provincia de Buenos Aires/


Desde San Pedro hasta Naciones Unidas, la vocación de servicio y la formación veterinaria acompañan cada paso de un profesional que encontró en la solidaridad y la cooperación internacional una forma de ejercer su profesión más allá de los límites tradicionales.

El médico veterinario Alejandro García, egresado de la UBA y suboficial del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de San Pedro, combina dos vocaciones que parecen distantes, pero que en su historia se entrelazan con naturalidad: la medicina veterinaria y el servicio en emergencias y catástrofes. Su recorrido lo llevó a convertirse en auditor internacional de equipos de rescate urbano (USAR) dentro del marco de INSARAG, la red internacional de búsqueda y rescate que opera bajo el paraguas de Naciones Unidas.

“Es un orgullo y una enorme responsabilidad representar a la Argentina en el ámbito internacional. Haber sido elegido como auditor de otros equipos de rescate de distintos países es un reconocimiento, pero sobre todo una oportunidad de seguir aprendiendo y aportando desde mi formación veterinaria”, cuenta con humildad.

Alejandro reconoce que su vocación veterinaria nació en la infancia. “No tengo un recuerdo puntual de cuándo decidí ser veterinario. Creo que fue siempre. Desde chico sentí un cariño profundo por los animales”, recuerda. Su vínculo con los bomberos, en cambio, surgió años más tarde, casi por casualidad: un amigo de la infancia lo invitó a sumarse al cuerpo de San Pedro luego de los incendios en el Delta en 2008.

“Me pareció importante que los cuerpos de bomberos cuenten con profesionales: médicos, veterinarios, ingenieros. Todos tenemos algo que aportar a la comunidad desde nuestro conocimiento”, explica. Su compromiso con la educación y la capacitación —valores heredados de sus padres, miembros activos de instituciones solidarias como el Club de Leones y la Cruz Roja— fue el hilo conductor de esa decisión.

A lo largo de los años, Alejandro fue encontrando en su formación académica herramientas fundamentales para desempeñarse en contextos de crisis. “La Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA me formó de manera holística. Lo que alguna vez me pareció teórico o distante terminó siendo esencial: estadística, matemáticas, procedimientos, bioseguridad… todo me sirvió para escribir protocolos y procedimientos para el Sistema Internacional de Rescate”, relata.

Hoy, Alejandro es Jefe de Planificación y Médico Veterinario en la Sección Médica del Equipo USAR ARG-11, junto a la Dra. Fernanda García y otros profesionales de la salud. Su rol lo llevó a mentorear equipos en distintas provincias argentinas y a auditar grupos internacionales en países como Ecuador y Panamá, dentro del proceso de acreditación y mejora continua que impulsa Naciones Unidas.

“Trabajamos para que los equipos de rescate de Latinoamérica tengan procedimientos claros, seguros y basados en buenas prácticas. En cada país hay personas comprometidas con salvar vidas, y eso trasciende las fronteras”, destaca.

En los equipos USAR, el veterinario cumple un papel clave: brinda atención a los perros de búsqueda K9, fundamentales para localizar víctimas entre los escombros. “La normativa internacional exige que todo equipo que trabaje con perros cuente con un médico veterinario. Es una tarea que combina conocimiento clínico, manejo de recursos, control sanitario y acompañamiento operativo durante toda la misión”, explica Alejandro.

Su experiencia en el derrumbe del Hotel Dubrovnik en Villa Gesell, en 2023, marcó un antes y un después. “Fue nuestra primera intervención real después de casi 15 años de preparación. No pudimos rescatar personas con vida, pero logramos salvar un felino que había permanecido ocho días atrapado. Fue un símbolo de esperanza para todos”, recuerda.

Detrás de cada despliegue hay planificación, trabajo en equipo y también sacrificios personales. “Nuestra tarea exige preparación técnica, pero también familiar. Hay que tener los planes hechos: quién cuida a tus hijos, quién te reemplaza en el trabajo, cómo organizar la vida cotidiana cuando te ausentás por días o semanas. Todo eso forma parte de ser rescatista”, señala.

A lo largo de su trayectoria, el médico veterinario aprendió que la excelencia y la coordinación salvan vidas tanto como la valentía. “Nunca hay que perder la esperanza de poder salvar vidas. La excelencia, la planificación y la coordinación previa salvan más vidas que cualquier otro método”, afirma con convicción.

Alejandro no solo representa a su país en un ámbito técnico de alto nivel, sino también a la profesión veterinaria como un pilar de la salud pública y la solidaridad. “Nuestra profesión tiene capacidades impensadas para ofrecer a la sociedad. Gracias a nuestra formación podemos aportar en áreas que van mucho más allá del consultorio o del campo”, reflexiona.

Su paso por la UBA, su trabajo docente en el Instituto 118 de San Pedro y su rol en redes internacionales lo consolidan como un ejemplo del alcance que puede tener la veterinaria cuando se la piensa desde una mirada integral. “Ser veterinario me abrió las puertas a un mundo que nunca imaginé. Todo lo que soy se lo debo a la educación pública y al trabajo en equipo”, resume.

Antes de cerrar, Alejandro deja una frase que sintetiza su mirada y su propósito:

“El mundo que vemos es este, pero podría ser otro. Todo depende de que creas firmemente en que podés cambiarlo.”

Su historia refleja cómo la profesión veterinaria, guiada por el compromiso, la formación y el espíritu solidario, puede estar presente en los lugares donde más se necesita: en el rescate, en la cooperación y en la esperanza.

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