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El Colegio de Fonaudiólogos advirtió sobre el uso de la pirotecnia y su repercusión en el organismo

/Difusión Colegio Fonaudiólogos de la Provincia de Buenos Aires Regional La Plata/


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Se habla mucho en los últimos tiempos  y más aún en fechas cercanas a las fiestas de fin de año, de los peligros que conllevan los petardos y otros tipo de pirotecnia que suelen acompañar esas celebraciones. Se pone énfasis los accidentes de diversa gravedad ocasionados por un mal uso o por defectos de fabricación de los mismos. La pirotecnia no sólo produce quemaduras, lesiones oculares, sino que también afecta al oído, pudiendo ocasionar problemas graves, algunas veces irreversibles.

Si bien no se han realizado a nivel mundial demasiados estudios sobre el efecto del ruido de los petardos, sí hay informes acerca del ruido de armas de fuego  que tiene similitudes acústicas en cuanto a las detonaciones.

El ruido asociado a cualquier explosión se caracteriza por ser de duración extremadamente corta. El oído está provisto en forma natural de un mecanismo protector que reduce la transmisión de los sonidos más intensos hacia las delicadas células del oído interno, pero actúa recién después de unos diez centésimos de segundo, por lo cual es ineficaz frente al ruido de los petardos que se producen en centécimos de segundos. Una bomba de estruendo alcanza los 190 decibeles, por ejemplo, mientras que el oído tiene la capacidad de tolerar sonidos de hasta 90 decibeles sin que se produzca daño. En otras palabras, sonidos de hasta 160 decibeles llegan casi inalterados al oído interno, sacudiendo violentamente las delicadas células ciliadas (las responsables directas e insustituibles de la percepción del sonido).

Niveles tan altos inevitablemente dejan sus huellas en el oído humano, en la forma de lesiones inmediatas e irreversibles de las células responsables de percibir los sonidos más agudos. Si bien unos pocos petardos no comprometen en lo inmediato la capacidad de entender la palabra, sí queda alterada irreversiblemente la percepción de los detalles más finos de la música, y sobre todo se abre una herida que se irá profundizando  con los años, hasta que en algún momento alcance la región de la palabra, poniendo en evidencia para la víctima y sus allegados la incipiente sordera.

Otro efecto conocido es el de los acúfenos o tinnitus, es decir zumbidos o silbidos que se perciben dentro del oído aun en ausencia de sonidos externos, y que por contraste son más notorios en ambientes silenciosos o por la noche, cuando el ruido de la ciudad se aplaca. Este efecto suele aparecer casi inmediatamente después de la detonación, y si bien luego disminuye su intensidad, a menudo no desaparece totalmente.

Los niños pequeños están más expuestos que los adultos. Primero, porque a pesar de que, en general, aceptan mejor los ruidos intensos, su aparato auditivo es más vulnerable, y segundo porque hacen explotar los petardos más cerca que los adultos, lo cual hace que el nivel sonoro efectivo al que se exponen sea mayor.

Los riesgos ya mencionados, se multiplican cuando las detonaciones ocurren en lugares cerrados o semicerrados, debido a que al ruido directo proveniente del artefacto explosivo se agregan las reflexiones o ecos en las paredes y otras superficies.

Es de destacar que el peligro de la pirotecnia no se restringe a los de gran potencia. Aun los petardos más pequeños de venta autorizada son capaces de producir los trastornos ya descriptos, especialmente si no se toman ciertas precauciones.

Como se mencionó, debe evitarse explotar petardos en ambientes cerrados, o muy cerca de paredes o superficies reflectantes, así como muy cerca de personas. Se recomienda utilizar protectores auditivos, que pueden adquirirse en farmacias, ferreterías, etc. Aunque, en realidad, lo recomendable sería no usar pirotecnia.

La pirotecnia, puede producir:

  • Distintos grados de pérdida de la audición, generalmente por daño del oído interno, que es de tipo irreversible, pudiendo llevar a la pérdida total de la misma.
  • Zumbidos, acufeno o tinnitus, que es la precepción de un ruido (generalmente como silbido, o como el canto de un pájaro) dentro del oído. Puede ser transitorio o permanente, de distinta intensidad.
  • Si la explosión del petardo, mortero o cualquier elemento fue muy cercana, una gran presión sonora se produce dentro del oído, ocasionando una perforación de la membrana timpánica, que se acompaña de sangrado del oído, disminución de la audición y dolor.
  • Frente a una explosión muy cercana y fuerte puede presentar una crisis de vértigo, con pérdida total de audición, por la gran vibración que produce de todo el oído.


En caso de presentarse algún síntoma auditivo consultar a un especialista lo antes posible.

No debemos olvidar el daño que provoca también en personas que poseen Transtorno del espectro autista (TEA), conocido comúnmente como autismo, al tener su capacidad auditiva incrementada perciben los estruendos como una verdadera catástrofe puesto que, tiene entre sus síntomas la hipersensibilidad en sus sentidos y sobre todo la auditiva. Lo que  les genera un alto nivel de estrés y ansiedad; sienten miedo lo que los lleva a tener crisis por ejemplo de llanto, gritos, se tapan los oídos de manera desesperada y pueden llegar a autolesionarse;  el impacto  los lleva incluso a tomar una actitud agresiva como forma de manifestar la molestia.

Documento de la Comisión de Audiología – Regional La Plata – Colegio de Fonaudiólogos de la Provincia de Buenos Aires

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