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A 130 años de la creación del Colegio de Escribanos, un destacado referente compartió su visión de la institución

/Difusión Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires/


En ocasión del 130º aniversario de la creación del Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires, el Decano Honorario del Notariado Bonaerense, Natalio Etchegaray, compartió sus reflexiones acerca de la historia de la institución y el rol del escribano en la actualidad.

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¿Qué opinión o consideración puede realizar de lo que representan estos 130 años para el Colegio de Escribanos?

El Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires es una prueba contundente de lo que puede hacer la continuidad en el esfuerzo de los colegas que a lo largo de 130 años han ocupado los cargos directivos, tanto ejecutivos como en comisiones asesoras, para llegar a la concreta realidad de este organismo privado de derecho público que rige, asesora y protege a sus colegiados y familiares desde el ingreso a la función y para siempre.

Han estado y están a cargo del Colegio: el ingreso al notariado de número, el gobierno y el control de la matrícula profesional, la capacitación permanente, la atención de la salud, las jubilaciones y pensiones, los préstamos hipotecarios y personales, y más allá de la asistencia al colega, el constante intercambio con los organismos estatales que se relacionan directamente con la labor del escribano, tratando de que ambas partes encuentren un equilibrio que redunde en beneficio de la comunidad usuaria del servicio notarial, ejecutor privado de una función que le ha delegado el Estado, cuya “esencia es la de brindar protección a los ciudadanos en los negocios de máxima trascendencia, legislativamente seleccionados, a través de un conjunto de operaciones jurídicas que son las que fundamentan su eficacia erga omnes”, como expresan los fundamentos del Código Civil y Comercial de la Nación cuando definen la función notarial.

Como prueba de esa trayectoria se pueden enumerar, cronológicamente, algunos de esos logros que permanecen, y en constante superación: Revista Notarial, consultorías cotidianas, servicio de Biblioteca, estructura previsional y de atención de la salud, integración y apoyo al Consejo Federal del Notariado Argentino, jornadas provinciales, creación y sostenimiento de delegaciones en todo el territorio de la Provincia, boletines informativos, convenios de asistencia a organismos provinciales, Universidad Notarial Argentina, Fundación Editora Notarial y su Código Civil y Comercial Comentado y sus Cuadernos de Apuntes Notariales; en fin, una rápida síntesis de decisiones colegiales que llegaron para quedarse, en beneficio de los ciudadanos que son los requirentes del servicio notarial, que se brinda individualmente en cada lugar de la Provincia por un escribano que se siente apoyado por esta gran estructura, a la que él contribuye a sostener y a su vez se siente sostenido por ella, en una suerte de tensión dinámica intangible.

¿Cómo ve la actividad notarial y el rol del escribano en la actualidad? ¿Qué proyección puede hacer para los próximos años?

El notariado latino, en el mundo y en nuestro país, está atravesando desde hace algunos años una globalización que al influjo de los adelantos tecnológicos y una creciente dependencia del capital financiero va cambiando sensiblemente los modos de producción y, como consecuencia, la relación del notario con su medio social y económico. Además, en nuestro país, los vaivenes económicos inciden muy rápidamente en el comercio de cada comunidad, se trasladan a todos los habitantes y son percibidos de inmediato por el escribano, al que le provoca una gran incertidumbre sobre el rendimiento efectivo de su trabajo, con transitorios picos de demanda de su función y prolongados períodos de recesión, que le impiden conservar una estructura de colaboradores especializados y renovar adecuadamente el equipamiento informático, indispensables ambos hoy para cumplir con responsabilidad la compleja tarea que le impone su función.

Y cuando nombramos equipamiento informático debemos agregar el conocimiento de los mecanismos para su eficiente utilización en la técnica documental y destacar que el futuro de la actividad notarial esta íntimamente ligado a ambos, tanto desde el punto de vista operativo como en su integración a la función, para que uno no prevalezca sobre el otro sino que el documento digital se torne seguro por la indispensable intervención del notario en el mismo y la comunidad tenga certeza de la persona autora de la declaración, así como de su capacidad y legitimación para tornarla imputable a quien la hizo y poder reclamar su cumplimiento.

En una proyección de futuro, creo que la sociedad seguirá necesitando tener la certeza de que las partes de un contrato puedan ser demandadas por el incumplimiento de las prestaciones a que obligaron, o que la última voluntad de una persona o los alcances de una facultad delegada en un poder de representación se respeten. Para ello el notariado, Colegio y Notario autorizante, deben trabajar para que cada escribano esté capacitado, material y profesionalmente, para que la sociedad adjudique al documento digital el rol de certeza que tiene, desde hace siglos, el documento escrito en papel.

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