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Científicos del CONICET miden la contaminación del aire en el Gran La Plata

/Prensa CONICET La Plata/


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Tráfico vehicular y emisiones industriales: miden la contaminación del aire en el Gran La Plata

Expertos del CONICET analizaron los compuestos químicos y observaron diferencias entre lo que se respira en el centro y en las afueras de la ciudad

Hacer llegar sus resultados alcanzados a los funcionarios y decisores políticos en la cuestión ambiental. Esa fue la recomendación que días atrás el jurado de defensa de su tesis doctoral le dio a Daniela Giuliani después de otorgarle una mención especial y antes del aplauso final. Becaria del CONICET en el Centro de Investigaciones del Medioambiente (CIM, CONICET-UNLP), presentó un estudio sobre la contaminación atmosférica –es decir del aire– en el Gran La Plata, que asimismo incluyó sus implicancias en la salud de la población y los riesgos eventuales de contraer cáncer de pulmón y otras enfermedades respiratorias. Si bien algunas de sus conclusiones sorprenden para bien, también surgieron números que preocupan.

En su trabajo, Giuliani se propuso caracterizar y analizar los compuestos contaminantes presentes en el aire y comparar sus niveles en tres puntos geográficos de referencia: la zona industrial, en las inmediaciones del Polo Petroquímico emplazado entre las localidades de Berisso y Ensenada donde funcionan la destilería y refinería de YPF, una empresa siderúrgica y una central termoeléctrica, entre otras; la urbana, en el casco céntrico platense; y la denominada residencial, distante varios kilómetros de las otras dos, en Gonnet. En esos sitios instaló estaciones de muestreo que consisten en equipos portátiles que toman aire extramuros, separan las partículas y las recogen en un filtro.

“Cada una de las zonas se caracteriza por distintas fuentes potenciales de contaminación atmosférica: la industrial, principalmente por las emisiones de la industria; la urbana, por un altísimo tráfico vehicular, con un creciente parque automotor al que por ejemplo en 2017 en La Plata se agregaron 57 vehículos por día”, señala Giuliani, y continúa: “Y la residencial, que se viene expandiendo mucho en los últimos años en cuanto a población y edificación, lo cual también impacta en la circulación de autos y transporte público”. La toma de muestras se llevó a cabo en los tres puntos durante el período de estudio, que fue de 2015 a 2019. Cabe mencionar que la tesis incluyó un informe sobre las condiciones meteorológicas de los vientos, un factor muy importante por la posibilidad de trasladar los componentes del aire hacia distintos lugares.

El análisis se basó en el material particulado (MP), es decir el aerosol suspendido en el aire prácticamente imperceptible a las personas y que, dependiendo de su origen, puede estar formado por compuestos orgánicos, inorgánicos o metales, muchos de los cuales son catalogados internacionalmente como cancerígenos. Giuliani tomó dos de las fracciones más pequeñas, que son inhalables y llegan a las vías respiratorias: las que miden 2,5 micrones de diámetro (MP2,5) y otras un poco más grandes, de hasta 10 micrones (MP10). La becaria se concentró, por un lado, en los llamados hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs), producto de los procesos de combustión incompleta, que se da cuando algunos combustibles quedan sin reaccionar y entonces se generan nuevas sustancias; y en el contenido de metales, por otro.

“Entre los principales resultados, en todos los puntos de referencia se registró presencia de MP en ambas fracciones, con variaciones en sus niveles. Entre 2015 y 2017, el MP10 mostró sus valores más altos en la zona industrial, donde se observa una leve disminución con el paso del tiempo, hasta que en 2018 y 2019 pasó a ser predominante en el área urbana. En el sector residencial, en tanto, también fue paulatinamente bajando sus cantidades”, detalla Giuliani, y continúa con los datos obtenidos respecto al MP2,5: “Su proporción se ha mantenido prácticamente constante en la región cercana al polo petrolero, mientras que en el casco y en las afueras evidenció un pequeño descenso en los últimos registros”.

Una vez obtenidos los números, la becaria procedió a compararlos con los valores de referencia vigentes. En ese análisis, pudo comprobar que todos los niveles registrados efectivamente cumplen con los parámetros establecidos por la legislación que rige en Provincia de Buenos Aires (Decreto 1.074/18). Pero el entusiasmo por este dato se desinfló rápidamente al cotejar las mismas cifras con las recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que están por debajo de la mitad de los que permite la norma bonaerense: el 79 por ciento de las medias anuales de MP en el aire del Gran La Plata sobrepasan los límites máximos sugeridos por el organismo internacional.

“Si bien nuestra reglamentación se modificó en 2018 con respecto al documento original de 1996, el único cambio sustancial es que incorporó la regulación del MP más pequeño, es decir el 2,5, que antes ni siquiera figuraba. Pero las cantidades permitidas no se actualizaron, y necesitan hacerlo con urgencia”, añade la especialista. Otro dato relevante que arrojó el trabajo tiene que ver con la medición de los HAPs, particularmente de 16 compuestos químicos considerados internacionalmente como los prioritarios: las muestras tomadas indican que todos ellos están presentes en las tres zonas estudiadas, y que su principal fuente de emisión es el tráfico vehicular, es decir que provienen de la combustión de los motores.

El nexo con las enfermedades respiratorias

Como es sabido que la contaminación atmosférica tiene repercusión en la salud de las personas, Giuliani añadió a su trabajo un análisis de la probabilidad de contraer cáncer a lo largo de la vida, una eventualidad que se conoce por sus siglas en inglés como LCR. El cálculo se hizo en base a los niveles de compuestos potencialmente cancerígenos registrados en las tres zonas y en los dos tamaños de MP. Al compararlas con los parámetros recomendados por la OMS y la Agencia de Protección Ambiental de EEUU (USEPA, por sus siglas en inglés), la becaria encontró que en el caso de niños la región está dentro de los niveles permitidos. “Para adultos, en cambio, detecté que tenemos valores aceptables según la OMS pero sólo alcanzamos los establecidos por el organismo norteamericano, que es más exigente, en el sector residencial. Es una señal de alarma para atender esta cuestión en los otros dos sitios”, según expresa.

Investigador de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CICPBA) y director del CIM, Andrés Porta enfatiza en relación a los resultados alcanzados por Giuliani: “No es que estemos del todo mal, por así decirlo, pero evidentemente es necesario controlar el problema más de cerca para cumplir con todos los criterios internacionales vigentes”. Como integrante de la comisión evaluadora de la legislación bonaerense, el científico tiene una larga experiencia en el tema y afirma que en este momento hay “mucha expectativa” por la voluntad política del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) de revisar la problemática.

“La intención es implementar un programa escalonado de readecuación de los niveles de estos compuestos químicos en el aire, algo que no se hace de manera automática sino que los valores se van ajustando periódicamente para dar tiempo a mejorar las tecnologías e incorporar distintos sistemas que permitan acomodarse a los nuevos parámetros”, agrega el experto. Debido al contexto de aislamiento social preventivo y obligatorio, Giuliani defendió su tesis de manera virtual y fue a través de la pantalla que le llegó aquella sugerencia de que su investigación debía trascender el ámbito académico y llegar a manos de quienes tengan la capacidad de darle una utilidad como insumo para promover cambios positivos en la gestión ambiental de la región.

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