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El Colegio de Graduados en Antropología publicó los resultados del concurso de fotografía “Lugares y Prácticas en el Trabajo de Campo Antropológico” 2020

/Difusión Colegio de Graduados en Antropología/


Desde el CGA queremos agradecer todas las contribuciones que hemos recibido para participar del II Concurso de Fotografía “Lugares y Prácticas en el Trabajo de Campo” y también a las juradas Mariana Giordano y Julieta Escardó por su tiempo y dedicación. 

No fue una tarea fácil y siempre es una grata sorpresa que lxs antropólgxs compartan y reflexionen en torno a las producciones visuales resultantes de sus investigaciones.

Luego de un fructífero intercambio en donde se dialogó sobre las formas de hacer y pensar la Antropología en relación a la producción de imágenes, comunicamos los resultados del Concurso:

CATEGORÍA PRÁCTICAS

-Primer Premio: Florencia Pacífico con la serie  “Más allá de la salida al espacio público. Mujeres de la economía popular y procesos  de politización”

Suele decirse que las mujeres son las primeras en “salir a la calle” ante las crisis económicas, que son quienes sostienen ollas populares y reaccionan más temprano en busca de resoluciones para las necesidades de su familia y comunidad. En los últimos años, su protagonismo como parte una serie de procesos de organización colectiva impulsados desde los feminismos y la economía popular renovó debates acerca de las relaciones y sentidos de género que permean la producción cotidiana de la política. Para muchas de las mujeres que actualmente integran las filas del feminismo popular, el involucramiento político no es una experiencia reciente. En sus prácticas se condensa una larga trayectoria de participación en la gestión de estrategias colectivas que permitieron paliar los efectos de las sucesivas crisis económicas y reforzar modalidades de construcción política orientadas a mejorar las vidas y resistir múltiples opresiones.

Las fotografías que componen esta serie proponen contribuir a la reflexión sobre estos procesos de organización colectiva y movilización desarrollados por mujeres de la economía popular, procurando aportar una mirada que desborde  dicotomías  pre  establecidas  como las de público/privado, productivo/reproductivo, político/doméstico. Las imágenes fueron tomadas entre 2016 y 2017, durante el trabajo de campo realizado junto a integrantes de cooperativas de trabajo creadas a partir del Programa Argentina Trabaja y nucleadas en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. Propongo mirar estas imágenes como síntesis de los modos en que su participación en procesos de organización colectiva supone formas de politización de asuntos que a priori podrían definirse como parte de las vidas “íntimas” o “privadas” de las personas. El acompañamiento etnográfico de estas experiencias de organización colectiva protagonizadas por mujeres evidencia el modo en que en sus vidas cotidianas se articulan una serie de asimetrías de clase y género. A menudo, la posibilidad de organizarse se encuentra atravesada por los desafíos que imponen las injusticias en torno a la distribución del trabajo doméstico y de cuidados y el recrudecimiento de distintas formas de violencia, incluyendo tanto aquella que deriva de vínculos interpersonales como la que se desprende de procesos más amplios de desigualdad social. Hemos registrado que, del encuentro entre mujeres, de la charla y la posibilidad de poner en común y reconocer el carácter compartido de problemáticas que atraviesan las experiencias personales, se abre camino a la construcción de arreglos colectivos para hacerles frente. En el día a día, cobraron relevancia la construcción de tramas colaborativas que permitían tanto responder a necesidades de cuidado infantil, brindando condiciones de posibilidad para la participación política de las mujeres, como construir redes de acompañamiento y auto cuidado dirigidas a abordar situaciones de violencia de género y poner en circulación ayudas para paliar necesidades concretas como la alimentación, la vestimenta, las condiciones habitacionales. Así, en contextos atravesados por la creciente masividad de los procesos de movilización en torno a la violencia contra las mujeres y disidencias, las demandas de las mujeres de la economía popular recuperaron y reinventaron reivindicaciones históricas del feminismo, poniendo en el centro la importancia de los cuidados y redes de interdependencia para la reproducción de la vida. Esta serie de fotos ilustra aspectos de estas luchas, procurando específicamente complejizar aquellas miradas de estos procesos que parten de interpretarlos principalmente como un movimiento de “salida” al espacio público o desde la ruptura del “aislamiento doméstico”. Las imágenes evidencian los modos en que sus prácticas de organización, permiten abrir sentidos de “lo político”, problematizando miradas duales y dicotomías androcéntricas.

-Mención especial: Carolina Soler con la serie “Cine Shuar”

Desde 2014 trabajo en proyectos de cine indígena; acompaño el aprendizaje del uso de la cámara y de la narrativa audiovisual a personas shuar de la Amazonía ecuatoriana y qom y wichí del Chaco argentino. Hacer cine y hacer trabajo de campo etnográfico se han vuelto tareas indisociables en mi forma de practicar la antropología, una antropología que se reinventa en cada nuevo viaje y convivencia, desde el diálogo, la complicidad y la alineación colectiva de agendas artísticas, militantes y políticas.

La serie fotográfica que presento fue hecha en 2014 en uno de los primeros trabajos de campo que realicé en la Amazonía ecuatoriana, durante el rodaje del cortometraje de ficción Tsunki aumatsamu (Las historia de Tsunki) con el laboratorio Etsa-Nantu/Cámara-Shuar.

Hacer cine con personas con cosmovisiones y trayectorias históricas tan distintas a las mías me empuja a reaprender continuamente mi oficio de cineasta. Esta serie fotográfica muestra una jornada de filmación que devino paseo familiar, tarde de juegos en el agua y espacio de improvisaciones actorales en el que el paisaje —convertido en locación— nos empujó a inventar nuevas escenas que no estaban previstas en el guion. Esos momentos en los que emerge lo impensado y nos descubrimos concibiendo nuevas historias y dejando evaporar la planificación para dar lugar a la risa, el juego y el encuentro —lo que para otrxs cineastas sería “perder el tiempo” de rodaje— son los momentos en los cuales el “estar allí” antropológico vale la pena y se empieza a intuir que el intercambio que se produce en el campo dará sus frutos.

-Mención especial: Lorenzo Cañas Botto  con la serie “Desde el punto de vista de los nativos en etnografía multiespecies”

Esta serie proviene de un proyecto cooperativo entre el autor, Jan Ketil Simonsen (NTNU) y Peter Ian Crawford (UiT) (los dos últimos especializados en antropología visual) documentando la vida social -de la concepción al consumo- del ganado porcino en Extremadura. Estos son animales de raza ibérica, popularmente denominados “pata negra” o “de bellota” debido al color de sus pezuñas y a que en sus últimos tres meses de vida son engordados en la dehesa con el fruto de las encinas (que son las que le dan el sabor distintivo a sus subproductos).

El trabajo de campo suele ser solitario, y raras veces los antropólogos pueden ver a colegas y o maestros en acción durante el trabajo de campo. Esta serie muestra algunos dilemas epistemológicos encontrados por los antropólogos visuales, al intentar capturar “el punto de vista nativo” en el contexto de etnografías multi-especies.

La foto en la dehesa muestra el dilema de la selectividad en el momento de filmar. Jan Ketil Simonsen tiene que decidir si enfocarse en la encina, el porquero, o los cochinos. Como los cochinos, no sabe a qué encina se dirigirá el porquero. Por lo tanto, deambula como y junto a los cochinos, siguiendo los llamados del porquero mientras este último facilita la caída de las bellotas con su vara. Mientras que los cochinos van comiendo las bellotas, el antropólogo evita que le caigan en su cabeza y va co-construyendo su registro etnográfico.

La foto dos ilustra el intento de capturar el punto de vista de los cochinos cuando vuelven del corral a la porqueriza. Surgen aquí dos contrastes que evidencian el dilema inherente al intentar capturar simultáneamente al cochino como objeto y como sujeto con un punto de vista. Por un lado, entre el estatismo del camarógrafo, parado en su lugar, contra el dinamismo de los cochinos, que se le avalanchan. Por el otro, al intentar enfocar las caras de los cochinos “desde el punto de vista del cochino”, precisa confrontar el punto de vista de éstos últimos. Registrar la cara, un acto tanto de objetivación como de reconocimiento mutuo, deviene físicamente incompatible con el capturar el punto de vista de los cochinos.

Al frigorífico ya no entran como cochinos, sino como canal de cerdo. El cambio de nomenclatura indica que ya no se trata de un animal en pie, sino de un objeto inanimado en el momento previo a su despiece y transformación en alimento para humanos (carne de cerdo, jamón, encurtidos y embutidos). Ya no tienen ni mirada ni punto de vista, sus ojos les han sido removidos con su cabeza y demás órganos. Han devenido puro objeto, tanto para la cámara del antropólogo como para el cuchillo del carnicero. Ya no entra caminando sobre sus patas sino colgando de ellas. Una tras otra las canales hacen el mismo recorrido y son sometidas al mismo tratamiento. El antropólogo puede entonces planear y predecir las tomas. Predictibilidad y repetición tanto en el camino de la canal, como en el cuchillo del carnicero, que deviene en nuevo objeto y punto de vista.

CATEGORÍA LUGARES

-Primer Premio: Mariana Gómez con la serie “No será el Futuro” 

En octubre de 2009, a pocos días de llegar por primera vez a Berlín y a Europa (gracias a una beca para estancias cortas del Servicio de Intercambio Alemán que obtuve durante el último tramo de mi doctorado), me encontré caminando por una avenida llamada Karl Marx Alle y tuve la clara sensación de que estaba ante una ciudad marcada a fuego por la historia del siglo XX y por la contienda entre capitalismo y comunismo. Decir esto suena a lugar común o a cliché, sí, pero del lado este de la ciudad una puede encontrarse concretamente con edificios que todavía conservan su mampostería con símbolos soviéticos (como la hoz y el martillo), con murales, memoriales, barrios de viviendas socialistas, personas que narran sus recuerdos y construyen memorias conflictivas sobre su vida pasada y la de sus familias, museos y hasta atracciones turísticas que venden la posibilidad de “experimentar” un poco de la vida cotidiana tal como lo hicieron los ciudadanos de la extinta República Democrática Alemana. La RDA fue un estado-nación –de origen soviético pero también alemán- que existió entre 1949 y 1989, gobernado por el Partido Socialista Unificado, el cual tuvo un vasto control sobre todas las áreas del Estado y un poder que penduló entre el autoritarismo, la dictadura y la búsqueda de consenso de sus ciudadanos.

Fuerzas de la memoria social y del imaginario colectivo y personal me impulsaron desde aquel entonces y en otras ocasiones que visité la ciudad (2012, 2014, 2016, 2018) a caminar por el este de Berlín como una delirante y solitaria transeúnte con cámara de fotos en mano. Caminaba y observaba esa geografía del pasado todavía de pie en el presente: sólidas estructuras del viejo proyecto comunista refuncionalizadas o simplemente dejadas a un lado, como si hubieran sido corridas de escena por extemporáneas o por vergonzosas. Pero los restos y las huellas del comunismo a la alemana a mi me movilizaron y me conmovieron, no necesariamente desde la nostalgia (es más complicado). Recorriendo las calles de Berlín mi premura por comprender se suspendía y un sentido de confusión me embargaba por ese pasado que no fue mío pero por el cual sentí un apego especial sin comprender bien del todo las razones (tengo algunas hipótesis pero no tengo espacio para desarrollarlas). Desde hace unos años intento terminar un librito con mis relatos y bitácoras etnográficas sobre esta presencia cargada de otredad (el fantasma comunista) que vive agazapada en rincones de la ciudad y en las memorias de varias personas que conocí en Berlín. Una suerte de exploración etnográfica, personal y política sobre las memorias y las estéticas postcomunistas en torno al pasado,  los futuros imaginados que nunca llegaron  y los que todavía se imaginan…

-Mención especial: Facundo Zorzoli con la serie “Chaco Seco: Trabajo de campo en el noroeste santiagueño”

La serie se compone de fotografías tomadas a lo largo del trabajo de campo que he realizado en el noroeste de Santiago del Estero desde 2016. La selección busca expresar situaciones cotidianas en las que antropólogos/as participamos al hacer trabajo de campo; que van desde el juego, la camaradería y la sorpresa de compartir mucho más que una entrevista, a preocuparnos por algún tipo de peligro, amenaza o situación imprevista que impone postergar una conversación, entrevista o encuentro.

Fotografía1: mujer rural apagando fuego con cacharro. Me encontraba realizando una entrevista a Pablo en el casco urbano. A Pablo lo había conocido el primer día que llegué, pero no habíamos logrado encontrarnos para conversar hasta ese día (tres semanas y media después). Pasó por donde yo paraba y me invitó a un asado más tarde. Celebraban su cumpleaños. Quedé en pasar a la siesta. Nos encontramos a esa hora. Mientras lo entrevistaba, vinieron a avisarle que había un incendio en casa de su madre. Salió corriendo con otras personas que estaban allí; subieron a sus motos. Me quedé solo, no entraba. A lo minutos llegó Maxi en auto. Preguntó dónde estaba todo el mundo. Le conté. Me subí al auto y fuimos. Era un incendio de pastizales. Un vecino había empezado a quemar pastos secos de su terreno y el fuego estaba llegando a la casa de la madre de Pablo. La fotografía la tomé cuando ya todos/as estaban más tranquilos/as. La señora -no obstante- iba y venía con un cacharro. Cargaba agua en él y la tiraba para apagar el fuego.

Fotografía2: puente de palos sobre el Salado. Recorrimos con Juan todo el norte del departamento Pellegrini en moto, en distintas jornadas. Cerca del río Salado le pregunté cómo cruzaban los/las que vivían del otro lado del río. Fuimos al cruce de la zona. Cuando llegamos, lo estaban cruzando (en moto). Me dijo que era algo cotidiano, todos/as lo hacían; y me propuso hacerlo y seguir hacia el otro lado.  Me pareció un riego innecesario. Lo cruzamos a pie. Dejamos la moto. Volvimos y continuamos del lado del río en el que estaba trabajando.

Fotografía3: niño menonita jugando con tractor. Había identificado dos colonias menonitas en el área de estudio que estaba investigando. En mi último trabajo de campo hice base en una localidad situada a más de 80 km de una de las colonias. De donde estaba a ella no había ni rutas de ripio (menos pavimentadas) ni transporte. Logré llegar por caminos de tierra con un proveedor de combustible local. En el camino paramos a comprar unos cortes de carne de vaca criolla. Me dijo que uno de los colonos menonitas le prestaba una parrilla para almorzar. Llegamos. Hicimos su recorrido de distribución. Terminamos en la parcela de quien me había comentado. Mientras hacíamos el fuego, sus hijos se acercaron y se quedaron jugando donde estábamos nosotros (con un tractor de juguete casi idéntico al que usaba el padre y había visto atrás de su casa).

SECCIÓN ESPECIAL 2020 “ROSTRXS COVID-19: Trans-citando la pandemia”

-Primer premio: Maiten Pauni con la serie “El fuego que hemos construido”

En las movilizaciones contra el gatillo fácil y la violencia institucional siempre hablan las madres. Rara vez los padres. Casi nunca algún hermanx. La palabra es patrimonio de lxs familiares adultxs.

Las imágenes, en cambio, son de todxs. Y abundan, se multiplican, crecen año a año. En las remeras, en las pancartas, en las banderas y en el centenar de carteles se ven los rostros de las víctimas. Imágenes que circulan, van y vienen, “marchan”. Y quienes las llevan, quienes las mueven o las emplazan en el pasto de la plaza, son otrxs jóvenes. Pibes y pibas que sostienen las pancartas de otros pibes y pibas asesinadxs por la policía. No hablan al micrófono, no “toman la palabra”, llevan los rostros de lxs ausentes a la plaza y en ese gesto, me gusta pensar, lxs traen a la marcha.

Fotografías analógicas tomadas durante la 6ta Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil, el pasado 27 de agosto de 2020 en la Plaza de Mayo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Comite Organizador

Soledad Gesteira y Soledad Torres Agüero

Categorías:Profesionales

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