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“Mitos y realidades de la Sputnik V”: La Federación Bioquímica bonaerense difundió información sobre la vacuna

/Difusión Federación Bioquímica de la Provincia de Buenos Aires/ FABA Informa/


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Mitos y realidades de la vacuna Sputnik V

Las vacunas contra el COVID-19 son herramientas promisorias para controlar la diseminación del virus y evitar la generación de complicaciones severas

Por Dr. Horacio Lopardo Prof. Consulto de Microbiología Clínica – Facultad de Ciencias Exactas, UNLP. Director de Acta Bioquímica Clínica Latinoamericana.

Es ampliamente conocido pero no está demás repetir que, las vacunas, después del agua potable, son las herramientas que más vidas han podido salvar en la historia de la humanidad.

También es necesario recordar que fue la vacuna antivariólica la que terminó en 1980, en todo el mundo, con una enfermedad devastadora como la viruela. Desde ABCL hemos mencionado el efecto negativo de las manifestaciones de los grupos “anti-vacuna”. Con el COVID-19 se acentuó la participación de estos detractores de la ciencia alentados por medios de comunicación o individuos malintencionados. Incluso se llegó a minimizar el posible impacto de las vacunas para combatir esta enfermedad recomendando el uso de sustancias tóxicas como el dióxido de cloro.

La vacuna Sputnik V es la que primero llegó a la Argentina y ya hay más de 200 000 vacunados con la primera dosis entre los trabajadores de la salud más expuestos. El foco de las críticas se centró en esta vacuna, probablemente para desacreditar una política sanitaria destinada a controlar de algún modo esta pandemia, sin medir que de su éxito depende el bienestar futuro de toda la población.

Algunos argumentos en su contra esgrimidos por estos grupos son los siguientes:

  1. Una vacuna proveniente de Rusia no ha sido estudiada seriamente y no hay publicaciones que la avalen.
  2. No se puede vacunar a los mayores de sesenta años con la vacuna rusa, justo uno de los grupos más vulnerables (a propósito de un dicho mal traducido del presidente ruso).
  3. Estas vacunas producen demasiados efectos adversos graves; de esta manera, son peores los riesgos que los beneficios.
  4. Todo esto de las vacunas no es más que un negociado de las empresas multinacionales de medicamentos (en referencia a otras vacunas).

Las respuestas a estos argumentos son claras:

  1. El Centro Nacional Gamaleya de Epidemiología y Microbiología es un laboratorio de excelencia con reconocimiento en todo el mundo. Fue fundado en 1891 y lleva el nombre de Nikolay Gamaleya, quien estudió en el laboratorio de Louis Pasteur, en París y logró montar en 1886 el segundo centro de vacunación contra la rabia a nivel mundial. Además de participar en la lucha contra varias epidemias, organizó campañas de vacunación masiva en la Unión Soviética.

El Centro Gamaleya desarrolló en 2015 dos vacunas contra el ébola y una tercera en 2020. En ellas se utilizó la plataforma de vectores adenovirales. La misma plataforma se utilizó para vacunas contra la influenza y el MERS, y es la que actualmente fue utilizada para desarrollar la vacuna contra la COVID-19.

Los estudios de esta vacuna (Sputnik V) no solo fueron publicados, sino que además fueron discutidos por otros investigadores a través de la revista Lancet (1).

Esta vacuna se fundamenta en la introducción del gen que codifica la proteína S por la que el virus SARS-CoV-2 se adhiere a las células humanas, en el ADN de dos diferentes adenovirus causantes del resfrío común: Ad26 y Ad5. Estos virus fueron modificados para que puedan invadir las células pero no replicarse. Una vez que la vacuna es inyectada, el adenovirus penetra en la célula humana, pero en lugar de replicarse, fabrica ARN mensajero que en los ribosomas transcribirá múltiples copias de la proteína S del SARS-CoV-2. Estas proteínas son presentadas en la superficie de la célula y son reconocidas por el sistema inmune. Cuando la célula infectada muere, las proteínas son tomadas por células del sistema inmune conocidas como presentadoras de antígenos. Otras células, las llamadas T-helper detectan estas partículas y activan a los linfocitos B, los cuales fabrican anticuerpos específicos contra la proteína S. También activan a las llamadas T-killer que son capaces de destruir células infectadas que todavía no murieron.

La razón de utilizar dos adenovirus diferentes que se incluyen respectivamente en las dos dosis es para evitar que una respuesta inmune generada contra Ad26 no permita la invasión de ese virus en una segunda aplicación. Al inyectar la vacuna preparada con otro virus, el Ad5, queda salvada esa posibilidad.

  1. El presidente ruso se refirió a que no podía vacunarse porque faltaba la aprobación de la vacuna para mayores de sesenta años, hecho que ocurrió el 26 de diciembre de 2020, ya que faltaba terminar con el análisis de los resultados del estudio correspondiente a ese grupo etario. La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), en base a la documentación recibida de Rusia, acaba de aprobar el uso de la vacuna Sputnik V para mayores de 60 años.
  2. Todas las vacunas mostraron una altísima seguridad, comparable a la de muchos de los medicamentos y vacunas comúnmente aceptados. Su protección en muchos casos fue mayor del 90%. El riesgo de muerte por COVID-19 es mayor del 2% en la Argentina y el riesgo de reacciones severas por vacunación (por lo general alérgicas) es menor de 1/50.000. Son normales ciertas reacciones leves posteriores a la vacunación: enrojecimiento, hinchazón o dolor en el sitio de la inyección, fatiga muscular, fiebre, cefaleas y picazón en los miembros. Estas reacciones desaparecen a los pocos días y se dieron después de la aplicación de todas las vacunas actualmente en uso.

El uso de antibióticos beta-lactámicos presenta aproximadamente los mismos riesgos de reacciones leves y severas que estas vacunas. Se están estudiando algunas pocas reacciones graves con las vacunas de Pfizer y Moderna, pero, parecen estar dentro de lo esperable en pacientes alérgicos.

  1. En un sistema capitalista, la inversión de riesgo es la forma más idónea que la sociedad puede aceptar como regla de juego de una empresa. Normalmente se requiere de inversiones de muchos millones de dólares para poner en el mercado un medicamento o una vacuna. En varias oportunidades se ha debido abortar la comercialización de antibióticos, vacunas u otros productos por diversas causas. Esas pérdidas debieron ser absorbidas por las empresas. Entonces, resulta lógico que éstas quieran obtener beneficios cuando los productos pueden ser aplicados en forma exitosa.

Cuando apareció la penicilina en la década de los cuarenta, nadie cuestionó a su empresa productora por sus ganancias, sino que se la consideró “salvadora de la humanidad”.

Las vacunas contra el COVID-19 son herramientas promisorias para controlar la diseminación del virus y evitar la generación de complicaciones severas.

Como en el caso de la poliomielitis en la década de los 50, no deben influir en su aceptación las opiniones tendenciosas. La política sanitaria debe ser consensuada entre gobernantes y opositores de cualquier signo como una política de Estado, dado que sus beneficiarios somos todos nosotros.

Referencias bibliográficas

  1. Logunov DY, Dolzhikova IV, Zubkova OV, Tukhvatulin AI, Shcheblyakov DV, Dzharullaeva AS, et al. Safety and immunogenicity of an rAd26 and rAd5 vector-based heterologous prime-boost COVID-19 vaccine in two formulations: two open, non-randomised phase 1/2 studies from Russia. Lancet 2020 26 September-2 October; 396 (10255): 887–97. Correction in: Lancet 2021 Jan 9; 397(10269): 98.

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