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Investigadores del CONICET estudian las relaciones de parentesco en la familia de las chinchillas y vizcachas

/Prensa CONICET La Plata/


Con datos morfológicos y moleculares estudian las relaciones de parentesco dentro de la gran familia de las chinchillas y vizcachas

El trabajo de investigadores del CONICET es el primero que se hace sobre los chinchilloideos, roedores nativos de América del Sur de los que hay un abundante registro fósil pero pocos representantes actuales

El de los chinchilloideos es un grupo de roedores nativos de América del Sur cuyos primeros registros fósiles datan del Oligoceno temprano, hace unos 34 millones de años. En sus orígenes, contaba con una diversidad muy amplia, incluyendo formas gigantes como Josephoartigasia monesi, el roedor más grande que se conoce, hallado en Uruguay en los ’80 y bautizado así en homenaje al prócer oriental José Gervasio Artigas, cuya masa se estima entre los 300 kilos y una tonelada dependiendo del método utilizado. En la actualidad, la representación del grupo es escasa, apenas cuatro géneros y siete especies en total, y sus exponentes vivos son la vizcacha, las chinchillas, los chinchillones y la pacarana.

Un equipo integrado por investigadores del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y el Instituto de Diversidad y Evolución Austral (IDEAus, CONICET CENPAT) acaba de publicar un trabajo en la revista Journal of Anatomy en el que se plasman los resultados de un estudio que combinó datos morfológicos y moleculares para analizar las relaciones de parentesco entre los distintos representantes, algo que no se había hecho antes para este grupo en particular.

“Lo primero que hicimos fue, en base a la recopilación de un registro documental muy amplio que llevó mucho tiempo, comparar la morfología de los dientes de una gran cantidad de chinchilloideos adultos y juveniles, tanto actuales como fósiles, para evaluar de qué manera va cambiando con el paso del tiempo por el desgaste”, cuenta Luciano Rasia, investigador del CONICET en la FCNyM y primer autor del trabajo. “Esto nos permitió establecer homologías dentarias, es decir la identidad de esas estructuras. Por ejemplo, así como los seres humanos tenemos dientes con cúspides, hay roedores que presentan piezas dentarias con crestas, que son las que les permiten moler la comida. Hemos podido ver ejemplares que presentan cuatro crestas que con el tiempo van disminuyendo, en algunos casos porque desaparecen y en otros porque se fusionan. Entonces eso nos permitió ver el camino evolutivo que siguió cada diente en los respectivos grupos”.

Una vez que lograron establecer la identidad de las estructuras dentales, los expertos se abocaron al análisis filogenético, es decir al estudio de las relaciones de parentesco combinando esa información morfológica con datos moleculares, algo que nunca se había hecho antes para los chinchilloideos. “Es una metodología muy extendida, pero que no se había usado para este grupo, y es importante porque aporta información muy precisa sobre las relaciones entre distintos organismos fósiles y vivientes”, apunta Rasia.

El estudio permitió corroborar observaciones de carácter morfológico realizadas décadas atrás y completar vacíos en la ubicación filogenética de algunos géneros y representantes que no estaban clasificados y tampoco tenían una posición precisa. “Nuestro análisis es el primero que incluye a las cuatro familias del grupo, dos con representantes actuales (chinchíllidos, donde se ubican la vizcacha y la chinchilla; y dinómidos, como la pacarana) y dos totalmente extintas (neoepiblémidos y cefalómidos), y revela que muchos de esos géneros no clasificados estaban en la base de la familia de los chinchíllidos. Nosotros decimos que son panchinchíllidos, un grupo expandido que incluye a todos los representantes tanto actuales como fósiles”, afirma el investigador.

Si bien no se sabe con certeza qué llevó a que queden tan pocos representantes actuales de un grupo que llegó a tener una variedad muy amplia en su origen, Rasia propone que eso se debió a dos factores: cambios climáticos y el ingreso de fauna nueva. “En paleontología hablamos de pulsos evolutivos para definir los momentos de mayor diversidad de géneros o especies. Luego de esos pulsos, esas representaciones continúan por cierto tiempo, se extinguen y son reemplazadas por otras. Eso suele darse por cuestiones ambientales”.

Según el investigador, “en los años de mayor representación de chinchilloideos hubo episodios importantes, como el que dio origen a la elevación de Los Andes, y hay que considerar que el clima de la Patagonia era muy distinto al actual, no se trataba de un ambiente desértico sino selvático”.

“Por otra parte, durante mucho tiempo América del Sur fue un continente aislado con una fauna única. Cuando se unió con América del Norte ingresó toda una fauna nueva, los mamíferos más comunes que conocemos como pumas, zorros, llamas, o guanacos. Eso tuvo un impacto negativo en las especies autóctonas y fue otro de los factores que habría influido para su extinción”, cierra.

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