Universidad

Difunden un sondeo sobre el interés de adolescentes del Conurbano en ciencia y tecnología

/Prensa CONICET La Plata/


Una investigadora del CONICET La Plata formó parte de una encuesta realizada a jóvenes de escuelas públicas antes de la pandemia por COVID-19

Sin siquiera sospechar lo que atravesaría el mundo entero apenas unos meses después, entre julio y agosto de 2019 un equipo de la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR) llevó adelante una encuesta a 360 chicos y chicas de 18 escuelas secundarias de esa localidad para conocer su interés y percepciones en torno a temas de salud, ciencia y tecnología (CyT). Como la pandemia por COVID-19 trastocó todas las realidades y proyectos de entonces, hoy los resultados de aquel trabajo se difunden en una publicación científica llamada Revista de Educación en Biología a la luz del nuevo escenario planteado, interpretando las respuestas en el marco de lo que sucedió a partir de 2020 y dejando en evidencia el permanente dinamismo del contexto atravesado.

“Este trabajo parte de la preocupación de la universidad por fomentar el interés de los y las jóvenes en las carreras científicas y por aumentar el número de inscriptos, ya que para poder diseñar estrategias efectivas que atraigan a los distintos grupos, primero era necesario conocer cómo piensan y sienten, y qué intereses y representaciones tienen acerca de CyT en general”, explican Paula Bergero y Diego Petrucci, investigadores del CONICET en el Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA, CONICET-UNLP) y en la UNAHUR, respectivamente, y autores del trabajo. Si bien el cuestionario original fue más extenso, lo que se difunde ahora reúne aquellas respuestas a las preguntas más relacionadas con la pandemia actual.

A su vez, esos ítems fueron agrupados en cuatro categorías: 1) Interés por el aprendizaje sobre epidemias y enfermedades de gran mortandad, y su control; 2) Interés por aprender cuestiones relacionadas con el cuerpo humano y la salud; la alimentación y el estado físico; 3) Interés por aprender sobre otras enfermedades y sobre asuntos que han aparecido en los medios de comunicación relacionados con la epidemia de COVID-19, como el funcionamiento de jabones y detergentes, el uso medicinal de las plantas, las armas biológicas, las terapias alternativas; y 4) Percepción sobre la ciencia, la tecnología, los científicos y su potencialidad para resolver problemas relacionados con la salud.

“Entre los resultados más llamativos, la encuesta muestra que las y los jóvenes expresan gran interés por las epidemias: un 59,7 por ciento manifestó intención de aprender sobre enfermedades que causan gran mortandad, al tiempo que el 75 por ciento lo hizo por saber más acerca de cómo controlarlas”, señala Juan Pedrosa, Secretario de Investigación de la UNAHUR y otro de los autores del trabajo. En ambos ítems –continúa– hay alrededor de un 10 por ciento más de respuestas positivas por parte de mujeres que de varones. En cuanto a las preguntas referidas a enfermedades, a la mayoría le interesó saber más sobre patologías como el cáncer, las infecciones de y el SIDA, y en términos generales más a las mujeres más que a los varones.

Un punto a resaltar tiene que ver con la importancia asignada a detergentes y jabones y su funcionamiento, cuyo uso como primera medida de desinfección ha despertado gran interés en el contexto de la pandemia. “Su capacidad como disolvente de la membrana lipídica viral y su ponderación por sobre el alcohol en gel y otros desinfectantes ha resultado sorprendente para la población”, explican los autores. En este caso, la encuesta mostró que en 2019 apenas poco más del 25 por ciento de los y las participantes destacaba el valor de estos elementos de higiene. Y es que, si bien la sanitización de objetos y superficies es una cuestión que evidenció una visibilidad exponencial durante 2020, para Bergero esta valorización no tiene por qué mantenerse siempre en los mismos niveles.

“Es muy difícil inferir qué pasaría si se aplicara el mismo cuestionario ahora, porque es una circunstancia dinámica que cambia todo el tiempo. Respecto del funcionamiento de jabones y detergentes, probablemente al inicio de la pandemia despertaba un grado de más grande porque se pensaba que esa era la medida preferencial para evitar los contagios. Pero ahora que sabemos que el hincapié está en la transmisión por medio del aire, seguramente el interés en el tema vuelva a bajar. Y depende de cómo termine la situación, se asignará más o menos importancia a distintas cosas. El aporte de nuestro trabajo es justamente ofrecer una referencia con la cual comparar, porque no hay manera de pedir cambios de opinión o de actitud si no tenemos una foto de lo que pasaba antes”, apunta la investigadora.

Por último, respecto de las preguntas referidas a la percepción sobre CyT, las y los científicos y su potencialidad para resolver problemas relacionados con la salud, se evidencia una fuerte creencia en que la ciencia proporcionará la cura para las enfermedades más preocupantes (77,8 por ciento de las mujeres y 83,9 de los varones) aunque, curiosamente, no parece tan unánime la idea de que la ciencia vuelve nuestra vida más saludable, fácil y cómoda, con la cual acuerdan el 48,8 por ciento de ellas y 63,4 de ellos. Finalmente, son pocos las y los estudiantes que opinan que siempre hay que confiar en lo que dicen los científicos: apenas un 16,7 por ciento.

“Cabe resaltar la imagen marcadamente positiva sobre las y los científicos, la ciencia y sus potencialidades, aunque hay que notar que esto no implica una confianza ciega. Es un resultado interesante para indagar en el futuro. A modo de hipótesis, planteamos que los y las jóvenes podrían estar distinguiendo entre la ciencia y los sujetos que hacen ciencia, es decir, confiando en el sistema científico pero no necesariamente en los individuos”, añade Bergero, y enfatiza, a modo de reflexión: “El espíritu de los resultados que publicamos radica en aportar este panorama de lo que pasaba previo a la pandemia: en esta situación que nos toca vivir, todas las esperanzas están puestas en la CyT. Eso necesariamente va a implicar un cambio en la percepción que tienen los y las adolescentes al respecto, y para poder medir esas transformaciones, es necesario conocer la valoración anterior”.

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