/Fuente: Federación Bioquímica de la Provincia de Buenos Aires /
Tanto en el diagnóstico de la infertilidad de una pareja como durante los tratamientos de fertilización asistida, el laboratorio desempeña un papel fundamental. Bioquímicos especializados en endocrinología, andrología y embriología son partícipes del diagnóstico y los procedimientos de la fertilización in vitro.

Por Ana M. Pertierra
Según los médicos ginecólogos, el momento para la consulta oportuna de una pareja que ansía tener un hijo es cuando pasado un año de relaciones sexuales frecuentes sin ningún método anticonceptivo,no se logra el embarazo. Las causas de infertilidad en una pareja se reparten igualitariamente entre factores femeninos (30%), masculinos (30%), aunque también existen factores mixtos (20%) y esterilidad de origen desconocido (20%).
Las causas femeninas pueden atribuirse a factores hormonales, ováricos, uterinos, daños en las trompas de Falopio, trastornos genéticos, afecciones embrionarias y algunos trastornos médicos como hipertensión, cáncer, trombofilia, entre otros. Sin embargo, según los especialistas en la actualidad la causa más frecuente de infertilidad es la calidad de los ovocitos asociada a la edad avanzada de la mujer.
Las causas masculinas de infertilidad pueden ser varias: endocrinológicas (hipogonadismo hipogonadotropo, diabetes, hipotiroidismo e hipertiroidismo, hiperprolactinemia); testiculares ya sea por factores genéticos como el síndrome de Klinefelter o microdeleciones del cromosoma Y, o adquiridas (traumatismos, criptorquía, orquitis, hidrocele, varicocele, infecciones, por acción de quimio o radioterapia, consumo de drogas). Y por último pueden ser causas posteticulares como las obstrucciones o alteraciones de las vías seminales.
Entre los factores comunes a ambos sexos se encuentran la edad, mujeres mayores de 35 años y hombres mayores de 40, diabetes, sedentarismo, obesidad, bajo peso, trastornos alimenticios, infecciones bacterianas y virales, enfermedades de transmisión sexual, desbalances hormonales, tratamientos del cáncer, enfermedades autoinmunes, entre otros.

Consultada por FABAinforma, Miriam Colombani, bioquímica especialista en endocrinología y Co-directora del Laboratorio IABE –Instituto de Análisis Bioquímicos de Endocrinología– de La Plata, señala que tras la consulta médica de una pareja y su correspondiente evaluación clínica surge el pedido de ciertos análisis de laboratorio para determinar la reserva ovárica mediante el dosaje de las hormonas FSH y Estradiol en el 3º día del ciclo, la hormona antimülleriana; la detección de ovulación mediante el dosaje de Progesterona (P4) sobre el día 21º del ciclo que se complementan con una ecografía para recuento de folículos antrales. Además de la evaluación uterina (ecografía) y la tubaria (histerosalpinogografia). “Un nivel de Estradiol superior a 60pg/ml y la FSH menor de 10mU/ml y la hormona antimülleriana menor de 1.66ng/ml son indicativos de una reserva ovárica disminuida”, puntualiza.
La falta de ovulación –señala la especialista– se puede deber a una variedad de influencias no reproductivas que incluyen enfermedad tiroidea, enfermedad hipofisaria, andrógenos elevados por hiperplasia suprarrenal, obesidad y estrés. “ La anovulación se diagnostica por una concentración sérica de P4 lútea media < 3ng/ml, aunque los niveles de P4 sérica lútea media suelen ser > 7 ng/ml. Y se debe sospechar cuando los ciclos tienen menos de 21 días y cuando tienen más de 36 días”, sostuvo Colombani. Y –agregó– la causa más común de anovulación es una enfermedad metabólica, el síndrome de ovario poliquístico (SOP) en el que existen múltiples folículos en varias etapas de desarrollo y son simultáneamente el resultado y la causa de un medio hormonal alterado que incluye resistencia a la insulina, aumento de LH y andrógenos elevados.
El reloj biológico

La fecundidad femenina disminuye con la edad y más marcadamente después de los 35 años con una pérdida progresiva de ovocitos, lo que se denomina reserva ovárica. Además, los ovocitos envejecidos acumulan defectos meióticos y daños en el ADN con un aumento en el riesgo de abortos espontáneos.
Un biomarcador muy fidedigno de la reserva ovárica es la hormona antimülleriana (AMH), una glicoproteína producida por las células de la granulosa de los folículos ováricos. “La ventaja que tiene es que es muy estable durante todo el ciclo menstrual y tiene un alto valor predictivo de la respuesta ovárica a la estimulación en tratamientos de fertilidad”, señala Colombani. Y –agrega– los valores normales usando métodos de electroquimioluminiscencia son de 0.2 – 5.5 ng/ml en edad reproductiva y de menores de 0.14 ng/ml en postmenopausia.
Estudio del factor masculino
Para abordar el diagnóstico de infertilidad masculina, el primer estudio solicitado es el espermograma, es decir el análisis de una muestra de semen.

Patricia Chenlo, bioquímica especialista en Andrología, docente de la UBA y coordinadora del subprograma Análisis del semen del PEEC de FBA, explica a FABAinforma: “El espermograma es una excelente prueba de laboratorio para evaluar la función del testículo y las glándulas anexas (próstata y vesículas seminales), del eje Hipotálamo-Hipófisis-Gonadal, y la permeabilidad de los conductos”. Y –agrega– se estudian, no solo las características macroscópicas y físico químicas, como el aspecto, color, viscosidad, volumen y pH, sino también estudios microscópicos que determinan la concentración de espermatozoides por mililitro y la categorización de su movimiento en base a su trayectoria y velocidad en la muestra en fresco, y el porcentaje de formas normales en un extendido fijado y coloreado adecuadamente.
Para completar el diagnóstico, Chenlo señala que se pueden solicitar otras pruebas como la búsqueda de anticuerpos antiespermáticos, estudios microbiológicos, endocrinológicos, genéticos. En el caso de selección espermática para tratamientos de reproducción asistida cobran importancia las pruebas para evaluar el estado del ADN espermático como la prueba de Tunel para medir fragmentación del ADN.
La especialista recalca la importancia de las condiciones preanalíticas de la prueba y el control de calidad del ensayo. “Para lograr una buena estandarización y una correcta evaluación, es necesario cumplimentar con ciertas condiciones preanalíticas en la toma de la muestra y el transporte al laboratorio: respetar una abstinencia sexual entre 3 a 5 días, obtener la muestra por masturbación en un frasco de boca ancha limpio y seco, no perder ninguna porción del eyaculado y remitirlo al laboratorio dentro de la hora de recolección y a una temperatura semejante a la corporal”, puntualizó.
En cuanto a los controles de calidad de la etapa analítica y al momento de validar los resultados, Chenlo sostuvo: “Los laboratorios deben realizar las pruebas de recuento, movilidad, vitalidad y morfología por duplicado, controlando que la diferencia entre las dos evaluaciones no supere el error propio de la distribución de esas variables. Evaluar precisión, tanto intra como entre operadores, mediante el empleo de pool de espermatozoides para recuento, extendidos de semen para morfología y videos para movilidad. Y participar de un programa de evaluación externa como el subprograma Análisis de semen del PEEC de la FBA”.
El laboratorio en los tratamientos de fertilización asistida
Bioquímicos especializados en embriología participan en una parte fundamental de los tratamientos de fertilización médicamente asistida tomando parte de numerosas técnicas, para lo cual deben formarse con cursos de posgrado dictados principalmente por la Sociedad Argentina de Embriología (SAEC), la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMER) y certificaciones por entidades de evaluación profesional.

María Virginia Gil, bioquímica especialista en Embriología senior y Directora del Laboratorio de Embriología de la Clínica de fertilización in vitro Albor de Neuquén, explica la estructura de un laboratorio de la especialidad. “La organización del laboratorio de embriología es similar a uno de bioquímica clínica en el que hay un director y embriólogos a cargo. El bioquímico participa de los procedimientos propios de las técnicas de fertilización asistida, y muchos de los parámetros que se determinan en el laboratorio de análisis clínicos se utilizan para tomar decisiones clínicas que están directamente relacionadas con las tasas de embarazo”. Y– agrega– se hace un seguimiento, mediante parámetros hormonales, del proceso de estimulación y engrosamiento del endometrio que permite saber si se puede transferir un embrión en un ciclo determinado.
Además, el bioquímico especialista en embriología –comenta– se encarga de la preparación del semen mediante técnicas de capacitación espermática para mejorar la calidad y concentración de los espermatozoides antes de la fertilización. En las técnicas de alta complejidad, el laboratorio realiza la fecundación del óvulo y el espermatozoide en un ambiente controlado.
Preparar y seleccionar los óvulos maduros así como manipular los espermatozoides para que ocurra la fecundación son algunas de las habilidades técnicas de esta especialidad bioquímica. Tras la fecundación –explica la embrióloga– el equipo del laboratorio cultiva y prepara los embriones para su transferencia al útero de la paciente, un procedimiento guiado por ecografía. Y también realiza la criopreservación de aquellos embriones sobrantes para su uso futuro mediante técnicas de vitrificación y un adecuado almacenamiento.
“La colaboración estrecha entre el equipo clínico y el equipo del laboratorio es esencial para el éxito de los tratamientos de fertilización asistida”, concluyó.