/Fuente: Federación Bioquímica de la Provincia de Buenos Aires /
Según los especialistas la mujer joven está acumulando riesgo antes y eso anticipa más enfermedad en el futuro. A los factores de riesgo clásicos que están impactando en edades mas tempranas se le suman los específicos de la mujer. Además los determinantes sociales y de género contribuyen a que la enfermedad cardiovascular en la mujer sea detectada más tarde y tratada de manera menos oportuna.

Por Ana M. Pertierra
En un reciente documento publicado en la revista científica Circulation de la American Heart Association (https://www.ahajournals.org/doi/10.1161/CIR.0000000000001406), se estima que 6 de cada 10 mujeres en los Estados Unidos tendrán al menos un tipo de enfermedad cardiovascular para el año 2050. Y advierte que la incidencia de las enfermedades cardíacas y los ataques o derrames cerebrales está aumentando de manera sustancial entre mujeres jóvenes y niñas.

Dra. Mildren del Sueldo, Vicepresidente de la Federación Argentina de Cardiología
Ante este panorama desalentador, FABAinforma se comunicó con la Dra. Mildren del Sueldo, Médica especialista en Cardiología y Enfermedad Cardiovascular en la Mujer y Vicepresidente de la Federación Argentina de Cardiología, quien explicó que en Argentina la enfermedad cardiovascular continúa siendo la principal causa de muerte en las mujeres, pero aún está subestimada y que, si no se intensifican las estrategias de prevención, es esperable que la carga de enfermedad cardiovascular en mujeres también aumente en nuestro medio. Para ello, advierte, es indispensable incorporar de manera sistemática la perspectiva de género en la salud cardiovascular: escuchar activamente los síntomas, mantener un alto índice de sospecha, integrar antecedentes propios de la mujer, como los obstétricos y hormonales y garantizar un acceso equitativo al diagnóstico y tratamiento.
“Si no actuamos hoy, el aumento de la enfermedad cardiovascular en mujeres jóvenes será el problema de las próximas décadas”, enfatizó la especialista.
¿Este mal pronóstico que comunica la revista Circulation es también aplicable a nuestro país?
No puede trasladarse de manera automática, porque el documento de Circulation es una proyección realizada con datos poblacionales de Estados Unidos y en Argentina no contamos con un modelo prospectivo equivalente hacia 2050.
Dicho esto, la dirección de la tendencia sí es claramente relevante para nuestro país: en Argentina las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte tanto en hombres como en mujeres y están fuertemente vinculadas al aumento de factores de riesgo como hipertensión, obesidad, diabetes, mala alimentación y sedentarismo.
Por eso, más que extrapolar una cifra puntual, lo importante es entender que compartimos el mismo problema de base y que, si no se intensifican las estrategias de prevención, es esperable que la carga de enfermedad cardiovascular en mujeres también aumente en nuestro medio.
Además, existe un patrón que se ha observado históricamente: muchos de los cambios epidemiológicos que se describen en países desarrollados tienden a reproducirse en países de ingresos medios con algunos años de diferencia, lo que refuerza la necesidad de actuar de manera anticipada.
¿Cuáles serían las principales causas que expliquen el aumento de la incidencia de enfermedades cardíacas y ACV entre mujeres en Argentina?
Las causas son múltiples, pero pueden resumirse en dos grandes ejes: por un lado, la acumulación de factores de riesgo clásicos, y por otro, el subreconocimiento, hasta hace relativamente poco tiempo, de los factores de riesgo específicos de la mujer.
En Argentina, los datos de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo muestran una alta carga de factores tradicionales: una prevalencia de hipertensión cercana al 46,6%, obesidad del 25,3%, diabetes o glucemia elevada del 10,9%, y más del 60% de la población adulta con exceso de peso.
El documento reciente de Circulation confirma que estos mismos factores, son los principales motores del aumento de enfermedad cardiovascular en mujeres, con un impacto creciente en edades más tempranas.
Pero además, hoy sabemos que existen factores de riesgo propios de la mujer que durante años no fueron adecuadamente incorporados en la evaluación clínica. Entre ellos se destacan los eventos adversos del embarazo (como los trastornos hipertensivos, la diabetes gestacional, el parto prematuro o el bajo peso al nacer), la menopausia precoz y condiciones como el síndrome de ovario poliquístico.
Un punto clave es que estos eventos, especialmente los relacionados con el embarazo, aumentan el riesgo cardiovascular desde etapas muy tempranas: el período de mayor vulnerabilidad se concentra en los primeros 10 años posteriores, cuando muchas veces las mujeres son consideradas de “bajo riesgo” por las calculadoras tradicionales, lo que lleva a una subestimación del problema y a la pérdida de oportunidades de prevención.
A esto se suman determinantes sociales y de género, como las barreras en el acceso al sistema de salud, la carga de cuidados y la demora diagnóstica, que contribuyen a que la enfermedad cardiovascular en la mujer sea detectada más tarde y tratada de manera menos oportuna.
¿Cuáles son las edades más afectadas? ¿También se da en mujeres jóvenes?
Sí, también ocurre en mujeres jóvenes. La carga absoluta de enfermedad sigue siendo mayor en edades avanzadas, pero uno de los datos más inquietantes del documento de Circulation es que el mayor aumento proyectado de algunas condiciones, especialmente accidente cerebrovascular y enfermedad cardiovascular total, se observa en las mujeres más jóvenes. Esto coincide con algo que venimos observando: más obesidad, más hipertensión, más diabetes y más complicaciones del embarazo. O sea, la mujer mayor concentra hoy gran parte de los eventos, pero la mujer joven está acumulando riesgo antes y eso anticipa más enfermedad en el futuro.
¿Es verdad o mito que la mujer en edad fértil está “protegida cardiovascularmente” por acción de las hormonas y que el riesgo aumenta en la menopausia?
Es una verdad a medias, y por eso puede resultar engañosa. Durante la etapa fértil, en promedio, la mujer presenta un perfil biológi Dra. Mildren del Sueldo, co más favorable que en la posmenopausia, en parte influido por los estrógenos, que son cardioprotectores. Sin embargo, esto no significa que una mujer joven esté “protegida” o libre de riesgo. Si presenta factores como tabaquismo, hipertensión arterial, obesidad, diabetes, migraña con aura o antecedentes de eventos adversos del embarazo o síndrome de ovario poliquístico, o menopausia precoz, su riesgo cardiovascular puede ser significativo mucho antes de la menopausia.
Lo que sí está claramente demostrado es que durante la transición menopáusica se producen cambios adversos en la composición corporal, el metabolismo lipídico, la función vascular, el sueño y la salud mental, que favorecen un aumento del riesgo cardiovascular.
En síntesis, la menopausia no es el inicio del riesgo, sino un punto de inflexión que lo acelera. Por eso, el enfoque actual es anticiparse: preparar a la mujer para llegar a esa etapa con el mejor perfil cardiometabólico posible, entendiendo que la prevención cardiovascular debe comenzar mucho antes.
¿En qué difieren la sintomatología y el abordaje de estas patologías en el hombre y la mujer?
La mujer puede presentar dolor opresivo en el pecho, pero con mucha frecuencia, también consulta por otros síntomas como disnea, fatiga inusual, náuseas, dolor epigástrico, palpitaciones, mareos o dolor en la espalda, el cuello o la mandíbula.
Esto puede llevar a que sus manifestaciones se minimicen o se interpreten erróneamente como ansiedad, estrés o problemas digestivos, lo que retrasa el diagnóstico. Además, las mujeres suelen presentar una mayor carga de síntomas acompañantes, lo que puede hacer más complejo el reconocimiento del cuadro clínico. Desde el punto de vista fisiopatológico, también existen diferencias: las mujeres tienen mayor probabilidad de presentar enfermedad coronaria no obstructiva, disfunción microvascular o vasoespasmo, lo que implica que no siempre se detectan obstrucciones significativas en los estudios tradicionales.
A esto se suma que, en la práctica, las mujeres aún tienen menor acceso a diagnósticos oportunos y tratamientos invasivos en el contexto de eventos agudos como el infarto o el accidente cerebrovascular.
Por eso, el abordaje debe incorporar una verdadera perspectiva de sexo y género: escuchar activamente los síntomas, mantener un alto índice de sospecha, integrar antecedentes propios de la mujer, como los obstétricos y hormonales y garantizar un acceso equitativo al diagnóstico y tratamiento.
¿Cuáles serían los controles médicos y de laboratorio aconsejables para la prevención?
Como base, toda mujer debería controlar regularmente la presión arterial, el peso, la circunferencia de cintura, la glucemia y el perfil lipídico. También es fundamental evaluar hábitos como tabaquismo, nivel de actividad física, calidad de la alimentación, sueño y antecedentes familiares.
En la mujer, es clave incorporar de manera sistemática los antecedentes gineco-obstétricos, como hipertensión del embarazo, preeclampsia, diabetes gestacional, parto prematuro, menopausia precoz, síndrome de ovario poliquístico y enfermedades autoinmunes, ya que aportan información relevante sobre el riesgo cardiovascular futuro. A partir de esta evaluación, debe realizarse un examen físico completo junto con estudios de laboratorio básicos y un electrocardiograma.
Según la edad y el perfil de riesgo, puede ser necesario ampliar la evaluación con función renal, albuminuria, hemoglobina glicosilada (HbA1c) y, en determinados casos, incorporar estudios complementarios como, ecocardiograma o evaluación de aterosclerosis subclínica mediante Doppler de vasos de cuello, velocidad de onda de pulso o score de calcio coronario, con el objetivo de estimar el riesgo de manera más precisa.
El mensaje central es que la prevención cardiovascular en la mujer no puede limitarse a “colesterol y presión”: debe integrar los factores de riesgo tradicionales y los género específicos con una evaluación cardiovascular completa.
“Si no actuamos hoy, el aumento de la enfermedad cardiovascular en mujeres jóvenes será el problema de las próximas décadas.”
¿Por qué es importante cuidar la salud cardiovascular de la mujer?
Porque la enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de muerte en la mujer, incluso por encima de otras enfermedades que muchas veces generan mayor percepción de riesgo, como el cáncer.
Pero además, no se trata solo de mortalidad. La enfermedad cardiovascular impacta en años de vida saludables, calidad de vida, autonomía y capacidad funcional. Una mujer que sufre un infarto, un ACV o desarrolla insuficiencia cardíaca puede ver comprometida no solo su salud, sino también su rol familiar, laboral y social.
Esto tiene un efecto multiplicador: en muchos casos, la mujer es un pilar en el cuidado de otros (hijos, padres, familia), por lo que su enfermedad repercute en todo el entorno.
A esto se suma que gran parte de estos eventos son prevenibles si se identifican y tratan a tiempo los factores de riesgo. Sin embargo, todavía existe una brecha importante en la percepción: muchas mujeres no se consideran en riesgo cardiovascular y, en paralelo, el sistema de salud aún subestima sus síntomas o llega tarde al diagnóstico.
Por eso, cuidar la salud cardiovascular de la mujer no es solo una cuestión individual, sino una prioridad sanitaria y social. Prevenir en la mujer es prevenir en toda la comunidad.
¿Cuáles serían las recomendaciones en el estilo de vida para prevenir estas afecciones?
Las recomendaciones son conocidas, pero el desafío es sostenerlas en el tiempo y adaptarlas a cada etapa de la vida de la mujer. En primer lugar, no fumar sigue siendo una de las medidas más importantes. A esto se suma mantener un peso saludable y realizar actividad física regular. Se recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica, combinados con ejercicios de fuerza o musculación al menos 2 veces por semana, fundamentales para preservar la masa muscular, mejorar el metabolismo y reducir el riesgo cardiovascular. También es importante disminuir el tiempo de sedentarismo.
La alimentación cumple un rol central: priorizar alimentos frescos, frutas, verduras, legumbres, pescado y grasas saludables, y reducir el consumo de ultraprocesados, azúcares y sal.
Otros aspectos muchas veces subestimados son el sueño y el manejo del estrés, que tienen un impacto directo sobre el riesgo cardiovascular, particularmente en la mujer. Dormir mal o vivir en un estado de estrés crónico favorece la aparición de hipertensión, aumento de peso y alteraciones metabólicas. Por otro lado, es clave prestar atención a momentos particulares de mayor vulnerabilidad en la mujer, como el embarazo, el puerperio y la transición menopáusica, donde los cambios biológicos y sociales pueden modificar el riesgo y requieren un seguimiento más cercano.
El mensaje final es claro: no se trata de intervenciones aisladas, sino de un estilo de vida sostenido a lo largo del tiempo. La prevención cardiovascular empieza temprano y se construye día a día.
¿Cuáles serían las estrategias de salud pública para revertir esta tendencia que desde ya afecta a los sistemas de atención de salud?
Para revertir esta tendencia se necesitan estrategias sostenidas y coordinadas, que aborden el problema desde diferentes niveles. En primer lugar, es fundamental fortalecer la concientización en la población. Muchas mujeres aún no perciben su riesgo cardiovascular, lo que retrasa la consulta y la adopción de medidas preventivas. Instalar el tema en la agenda pública es clave para lograr cambios reales.
En segundo lugar, es necesario promover la prevención desde etapas tempranas de la vida, fomentando hábitos saludables desde la infancia y la adolescencia, con políticas activas sobre alimentación, actividad física y control del tabaquismo.
Un tercer pilar es mejorar la detección y el control de los factores de riesgo en la atención primaria de la salud, especialmente hipertensión, diabetes y dislipidemia, garantizando acceso equitativo a controles, tratamiento y seguimiento.
Finalmente, es indispensable incorporar de manera sistemática la perspectiva de género en la salud cardiovascular. Esto implica reconocer los factores de riesgo propios de la mujer, integrar la historia reproductiva en la evaluación clínica y capacitar a los equipos de salud para evitar la subestimación de los síntomas y mejorar la calidad del diagnóstico y tratamiento.
En síntesis, la prevención cardiovascular en la mujer debe ser una prioridad de salud pública, que combine concientización, educación, acceso al sistema de salud y un enfoque específico en las necesidades de la mujer a lo largo de toda su vida.
¿Qué intervenciones lleva a cabo la FAC para concientizar sobre esta problemática?
La FAC desarrolla una estrategia integral en salud cardiovascular de la mujer que combina formación, concientización, generación de conocimiento y trabajo articulado con otras instituciones. El Comité de Enfermedades Cardiovasculares en la Mujer de la FAC fue creado en 2005, posicionando a la institución como pionera en la incorporación de la perspectiva de género en cardiología. La FAC desarrolla en conjunto con la Sociedad Interamericana de Cardiología (SIAC), la ANCAM (Asociación Nacional de Cardiólogos de México) y la Universidad Nacional de Villa María, la Diplomatura Superior Universitaria en Enfermedad Cardiovascular en la Mujer, un programa académico de referencia (el primero en la región de las Américas). En el plano de la concientización, se impulsan campañas dirigidas a la comunidad, como “Mujeres en Rojo Argentina”, en articulación con la American Heart Association, orientadas a visibilizar el riesgo cardiovascular y promover hábitos saludables. Asimismo, en conjunto con la SIAC, se desarrolla la iniciativa “Corazón de Mamá”, que se celebra cada 8 de agosto y pone el foco en el cuidado cardiovascular desde la etapa preconcepcional, el embarazo y el puerperio.
Junto con la Sociedad Argentina de Cardiología, la FAC impulsa la creación del Día Nacional de Prevención de la Enfermedad Cardiovascular en la Mujer. Si bien aún no cuenta con sanción nacional, la iniciativa ya ha sido aprobada en diez provincias y se encuentra en tratamiento en otras, con el objetivo de instalar el 9 de octubre como una fecha clave para reforzar la concientización y las acciones de prevención en todo el país.