Riesgo cardiovascular en la mujer: una deuda pendiente en la prevención

/Fuente: Federación Bioquímica de la Provincia de Buenos Aires /


Por Prof. Dra. Gabriela Berg Directora de Procordis de FBA

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en las mujeres, tanto a nivel global como en Argentina. En nuestro país, representan aproximadamente 1 de cada 3 muertes femeninas, superando ampliamente a otras causas como el cáncer. Sin embargo, el riesgo cardiovascular en la mujer continúa subestimado, lo que se traduce en menor percepción de riesgo, retrasos diagnósticos y brechas en el tratamiento.

En los últimos años y a nivel global, múltiples sociedades científicas han enfatizado la necesidad de un abordaje específico para la mujer, incorporando no solo los factores de riesgo tradicionales, sino también aquellos propios del sexo y del género, así como los determinantes sociales de la salud.

Un riesgo diferente, a lo largo de toda la vida

El riesgo cardiovascular en la mujer evoluciona a lo largo del curso de vida y está influenciado por etapas clave como el embarazo y la menopausia. Factores como los trastornos hipertensivos del embarazo, la diabetes gestacional o la menopausia precoz aumentan el riesgo a largo plazo y deben ser incorporados en la evaluación clínica.

En Argentina, la prevalencia de factores de riesgo es elevada: según encuestas nacionales, más del 60% de las mujeres adultas presenta exceso de peso, y se observa una creciente prevalencia de hipertensión, diabetes y sedentarismo. Estos factores, sumados a cambios hormonales como la menopausia, contribuyen a un aumento progresivo del riesgo cardiovascular.

Perfil lipídico

El perfil lipídico también cambia con el tiempo, sujeto principalmente a los cambios hormonales, con incremento de lipoproteínas aterogénicas tras la menopausia. En este contexto, la exposición acumulada al colesterol LDL y el rol de la lipoproteína(a) adquieren especial relevancia, reforzando la necesidad de detección y tratamiento precoz.

La disminución de estrógenos con la edad se asocia a una disminución en la cantidad de receptores-LDL, lo que conduce al aumento del colesterol LDL en la circulación. A su vez, también se observa un aumento en la concentración de Lp(a), lipoproteína aterogénica que está genéticamente regulada, pero que la disminución de estrógenos también provoca aumento de su síntesis.

Desde la Fundación Bioquímica Argentina hemos analizado la distribución de Lp(a) en hombres y mujeres de la provincia de Buenos Aires, y hemos observado cerca de un 24% de la población con valores superiores a los de decisión clínica, especialmente en las mujeres después de la quinta década de vida, superando los valores encontrados en hombres.

Las proyecciones epidemiológicas indican que la carga de enfermedad cardiovascular en mujeres continuará en aumento, impulsada por el crecimiento de factores de riesgo como la obesidad y la diabetes. Si bien las mujeres jóvenes y premenopáusicas suelen ser consideradas de bajo riesgo, lo que retrasa la identificación de enfermedad cardiovascular, el aumento en factores como obesidad e insulino-resistencia las pone igualmente en riesgo. La presencia incrementada de lipoproteínas remanentes ricas en triglicéridos, que pueden ser hasta cuatro veces más aterogénicas que las LDL, aumenta significativamente el riesgo cardiovascular.

A pesar de esto, las mujeres reciben con menor frecuencia tratamientos basados en guías, una brecha que también se observa en nuestro país.

Este escenario resalta la necesidad de intervenir tempranamente, promoviendo estrategias de prevención desde edades jóvenes y a lo largo de toda la vida.

Un llamado a la acción

Frente a esta evidencia, es imprescindible cambiar el enfoque:

  • Evaluar el riesgo cardiovascular en la mujer de forma integral
  • Incorporar factores específicos del sexo y del género
  • Considerar los determinantes sociales de la salud
  • Detectar y tratar precozmente las alteraciones lipídicas
  • Reducir las brechas en el acceso al diagnóstico y tratamiento

Desde el ámbito académico y asistencial, tenemos la responsabilidad de visibilizar este problema y promover estrategias de prevención más equitativas y efectivas. Reconocer que las enfermedades cardiovasculares son la principal amenaza para la salud de las mujeres es el primer paso para cambiar esta realidad.

Deja un comentario