Endocrinología: Cambia la denominación del SOP por SOMP

/Fuente: Federación Bioquímica de la Provincia de Buenos Aires /


El síndrome de ovario poliquístico (SOP) cambia de nombre. La nueva denominación, síndrome de ovario metabólico poliendocrino (SOMP), es más precisa y permite mejores diagnósticos y tratamientos. El laboratorio especializado en endocrinología juega un rol clave en el diagnóstico.

El SOP es una condición en la que el cuerpo de algunas mujeres tiene un desequilibrio hormonal y metabólico que puede manifestarse en ciclos menstruales irregulares, acné, exceso de vello corporal y dificultades para ovular y quedar embarazadas; además, tiene un componente hereditario y se manifiesta de forma diversa en cada paciente.

Sin embargo, durante las últimas décadas, este problema ha sido entendido como algo casi exclusivamente ginecológico y enfocado en los quistes, cuando en realidad iba mucho más allá de los ovarios porque puede afectar al sistema endocrino, al metabolismo, al peso o al control del azúcar en sangre, algo que no se había tenido demasiado en cuenta. Hoy sabemos, por ejemplo, que las mujeres con este síndrome tienen mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 o enfermedades cardiovasculares.

En este contexto, un acuerdo internacional entre 56 organizaciones académicas, clínicas y asociaciones de pacientes, publicado por la revista The Lancet (https:// http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/ PIIS0140-6736(26)00717-8/fulltext) y basado en un estudio con más de 14.000 pacientes y profesionales sanitarios, propuso rebautizarlo como síndrome de ovario metabólico poliendocrino (SOMP) para definirlo con mayor precisión.

No es que la ciencia ignorara el “componente metabólico”, señala Francisco Carmona, director de la Unidad de endometriosis y del Programa de trasplante uterino del Hospital Clínic de Barcelona. Lo que sí es probable es que ese conocimiento tardara en llegar a las consultas y, sobre todo, a las conversaciones con las pacientes. “Durante mucho tiempo hemos tenido una visión muy limitada de la salud femenina”, afirma, “centrándonos en síntomas concretos sin ver el conjunto”, reconoce el ginecólogo español.

Reflejar mejor la realidad

Más allá, el término “poliquístico” utilizado hasta ahora sugiere la presencia de quistes, cuando está demostrado que no son un rasgo definitorio de esta condición. Según los expertos, esta imprecisión ha contribuido a generar confusión tanto en la consulta como fuera de ella. “Muchas veces lo que veíamos en una ecografía era un ovario multifolicular, algo que puede ser completamente normal y a muchas mujeres se les diagnosticaba erróneamente con SOP”, señala Carmona. “Era fundamental avanzar hacia una denominación que refleje mejor la realidad porque había una especie de ‘cajón de sastre’ de pacientes con características distintas”, asegura.

“A partir de ahora los tratamientos se amplían y se individualizan para cada paciente”, explica Carmona. “Debemos tratar tanto el síntoma principal como la causa subyacente. Además de la metformina, disponemos de fármacos como los agonistas GLP-1, que mejoran la sensibilidad a la insulina. Esto nos permite abordar el tratamiento de forma mucho más personalizada”, agrega.

Miles de vidas impactadas

Se estima que este síndrome afecta a unos 170 millones de mujeres en todo el mundo y, sin embargo, la Organización Mundial de la Salud cree que en torno al 70% de ellas no sabe que lo tiene por falta de detección. Considerada la causa más común de anovulación (dificultades para ovular) a nivel mundial y una de las principales de infertilidad femenina, el SOP, ahora llamado SOMP, tiene un componente hereditario y se manifiesta de forma diversa en cada mujer.

El nuevo nombre busca corregir esa visión reduccionista y reflejar con mayor fidelidad la verdadera naturaleza del trastorno. Un paso que importa no solo en el laboratorio o en la consulta, sino en cómo se investiga, financia y prioriza la salud de las mujeres, tanto en lo privado como en lo público.

El cambio de SOP a SOMP no es un simple ajuste semántico. Es un intento de alinear el lenguaje médico, la evidencia científica y la realidad de millones de mujeres para mejorar su calidad de vida.

El laboratorio, clave en el diagnóstico

FABAinforma consultó a dos especialistas argentinos, los Dres. Dr. José Romero, Especialista en Ginecología Endocrinológica y Eduardo Spinedi, Especialista en Bioquímica Endocrinológica, quienes ampliaron el alcance de esta nueva denominación, desde la clínica médica y el laboratorio, de esta patología subdiagnosticada en nuestro país. Y que según los informes de la OMS tiene una prevalencia del 15-20% % a nivel mundial en mujeres durante la edad reproductiva.

Según los especialistas argentinos, en previos consensos se había involucrado a la disfunción endocrina de diferentes tejidos en el SOP. Entre ellos–señalan–se incluyen, además del eje hipotálamo-hipofiso- ovárico (morfología ovárica, producción ovárica de melatonina y función esteroidogénica del ovario, irregularidad del ciclo menstrual), el tejido adiposo blanco endócrino disfuncional (alteración de lipolisis/lipogénesis, hipoadiponectinemia, hiperleptinemia, aumento de PAI-1), inflamación, e insulinorresistencia generalizada. Esta asociación poliendocrina disfuncional sustenta fuertemente el rebautizar al SOP como síndrome de ovario metabólico poliendocrino (SOMP).

“El cambio de nombre está vinculado a la fuerte implicancia hormonal que deriva de la inversión de la relación FSH/LH y exceso de andrógenos circulantes, estado pro-inflamatorio y resistencia a la insulina, determinando un aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular y, vascular y embarazo de alto riesgo por preeclamsia; determinando entonces, riesgo metabólico hormonal y gestacional”, detalló Romero.

SOMP: El nuevo nombre busca corregir esa visión reduccionista y reflejar con mayor fidelidad la verdadera naturaleza del trastorno.

Para los especialistas, esta redefinición tiene la ventaja de ofrecer una mirada más amplia sobre el cuadro apoyado en un diagnóstico más preciso, ya que se trata de un problema frecuentemente subdiagnosticado y de muy alta prevalencia en la etapa reproductiva. Señalan además que sus consecuencias pueden abordarse tempranamente con tratamiento farmacológico (insulino sensiblizante) y cambios en el estilo de vida (actividad física apropiada y cambio en el hábito alimenticio).

Un trastorno hormonal y metabólico frecuente en mujeres en edad reproductiva.

“Este sindrome está subdiagnosticado fundamentalmente porque los médicos ginecólogos en general no son especialistas en endocrinología ginecológica, lo que resulta en no diagnosticarlo fácil y precozmente. Pero, lamentablemente tratan el trastorno sintomático con anticonceptivos orales o, si se busca embarazo recurren a fertilización asistida, con los riesgos que ello implica en estas pacientes: aumento de la posibilidad de alteraciones de la coagulación y accidente vascular o quizás hiperestimulación ovárica (en caso de F.I.V.)”, explicó Romero y –resaltó– durante la adolescencia (etapa pregestacional) los síntomas clínicos patognomónicos deben alertar al ginecólogo o médico de cabecera sobre la posible presencia del síndrome (entre ellos, alteraciones del ciclo menstrual, antecedentes familiares, acné, sobrepeso, obesidad, diabetes).

Análisis hormonales

En cuanto al rol que desempeña el laboratorio, Spinedi recalcó: “El laboratorio clínico especializado en endocrinología juega un papel relevante fundamentalmente durante el desarrollo precoz de este síndrome. Los análisis clínicos hormonales son imprescindibles para orientar o confirmar el diagnóstico, entre ésos: LH-FSH, testoterona (total y biodisponible, DHT), insulinorresistencia (hiperinsulinemia, glucemia basal y/o PTOG alteradas), disminución de la actividad fibrinolítica (aumento de PAI-1), inflamación (ERS anormal, elevada PCRus), elevados niveles de andrógenos débiles (aunque poco frecuente: delta-4-androstenodiona, 17-hidroxi- P4), disminución de SHBG (no por falla hepática sino por feed-back negativo de diferentes formas de testosterona), entre las más relevantes”.

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