Una despedida plena de agradecimiento: después de 4 décadas de vocación dirigencial se retiró de FABA el Dr. Alberto Torres

/Fuente: Federación Bioquímica de la Provincia de Buenos Aires /


Dedicado por casi 4 décadas a la vocación de dirigente, afianzando y transmitiendo los valores institucionales de solidaridad y unidad, se despide agradecido con la tranquilidad del deber cumplido.

Por Dr. Alberto Torres, Ex vicepresidente de la Federación Bioquímica de la provincia de Buenos Aires

Tras casi 40 años de actividad dirigencial en distintos cargos del Comité Ejecutivo de la Federación Bioquímica de la provincia de Buenos Aires, ha llegado el momento de retirarme.

Llegué a FABA con sueños, con expectativas y con mucho por aprender. Hoy me voy con el corazón lleno: de rostros, de historias, de afecto de mis colegas, de abrazos en los pasillos, de silencios difíciles y de alegrías que nunca olvidaré. De encuentros y desencuentros, pero siempre con un mismo norte: lograr lo mejor para nuestros colegas de la Provincia y para nuestra institución.

En 1987 inicié mi carrera como dirigente, en representación de mis colegas del Distrito II, ocupando el cargo de Vocal Suplente del Comité Ejecutivo, función que desempeñé hasta 1992, año en que fui elegido Secretario de dicho Comité.

En 2004 asumí la Presidencia de la institución, honor que me fue renovado durante cuatro períodos consecutivos, hasta 2012.A partir de entonces continué acompañando a la conducción desde los cargos de Secretario y luego como Vicepresidente, mandato que finaliza en el presente período.

Durante estos años participé, como integrante del Comité Ejecutivo, en la creación de entidades hermanas como EMSA, la Fundación Bioquímica Argentina y el reciente Laboratorio Qualium, de las cuales fui socio fundador junto a mis colegas del Comité.

Los vaivenes de las políticas de salud de nuestro país nos llevaron a enfrentar numerosas crisis, que siempre logramos superar. Buscamos, a través del diálogo, el camino que preservara las mejores condiciones para nuestros convenios y la defensa de nuestros aranceles. Y cuando el diálogo no alcanzaba y era necesaria la firmeza para sostener nuestros justos reclamos, siempre contamos con la comprensión y el respaldo de nuestros colegas. La solidaridad y la unidad fueron, son y seguirán siendo las mayores virtudes de nuestra institución.

Siempre tuve la convicción de que a un dirigente no se lo obliga a serlo. Considero que quien aspira a esa función debe ser consciente de que su labor consiste en estar al servicio de quienes representa, priorizando los intereses colectivos por encima de los individuales. Tener templanza en los momentos difíciles, y sobre todo, ética, integridad y coherencia entre lo que dice y lo que hace.

Esas virtudes, que caracterizaron a los grandes dirigentes que me precedieron y que intentamos afianzar y transmitir, se consolidaron en este último período con la incorporación del Curso de Formación para Dirigentes implementado por FABA. Una herramienta clave, porque entendemos que el ejercicio de la Bioquímica se ha complejizado profundamente y demanda una capacitación continua y permanente.

Un buen dirigente no solo exige esa actualización, la facilita y la promueve.

No quiero dejar de agradecer profundamente a quienes hicieron posible este camino. A mi familia, por la paciencia, el sostén y por entender tantas ausencias. A los colegas de mi querido Distrito II, que confiaron en mí desde aquel primer día de 1987. A cada integrante del Comité Ejecutivo con los que compartimos debates, desvelos y decisiones difíciles, siempre con respeto y con la mirada puesta en el bien común. A los asesores y al personal de FABA, por su compromiso silencioso y permanente. Y a cada colega de la Provincia, por cada palabra de aliento, por cada crítica constructiva y por haberme permitido representarlos durante casi cuatro décadas.

Me voy tranquilo. Tranquilo porque la institución continúa en manos de un grupo humano excepcional. Un equipo con experiencia, con vocación de servicio, con formación y, sobre todo, con valores. Conozco su capacidad, su honestidad y su compromiso con la profesión, y por eso deposito en ellos mi total confianza. Sé que sabrán interpretar los nuevos tiempos y conducir el cambio que nuestra profesión necesita.

Les pido a todos que los acompañen con la misma solidaridad y unidad con la que me acompañaron a mí. Porque FABA no es un dirigente ni una comisión, es de todos y es mucho más grande que cada uno de nosotros.

Gracias de corazón.
Dr. Alberto Torrres

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