Universidad

Desde la Facultad de Ciencias Médicas emitieron consideraciones para el cuidado emocional de la comunidad y del equipo de salud ante la pandemia

/Difusión Facultad de Ciencias Médicas UNLP /


/Difusión Facultad de Ciencias Médicas de La Plata /


Por la Prof. Dra. Silvana Pujol y el Prof. Dr. Gustavo Apreda.

Durante la pandemia por coronavirus, los problemas asociados al manejo del estrés seguramente afectarán a mucha gente, aún a personas que no hayan sufrido directamente la exposición a la infección. Esto se debe dado el impacto que genera en las personas la naturaleza no del todo conocida de la enfermedad, su contagiosidad y la forma y rapidez con que se extiende.

Tanto a los pacientes en general, a la comunidad y aún a los colegas y miembros del personal sanitario es recomendable procurar que sólo circule información validada por los organismos oficiales y científicos y a desechar toda otra información que genera desconocimiento y mal entendimiento del problema.

Algunos Síntomas consecuentes a la situación de pandemia y a la de cuarentena pueden ser:

Miedo: a perder la salud, a las posibles consecuencias de la enfermedad, a la falta de recursos, a la falta de insumos básicos. Es posible sentir miedo ante una situación que se percibe como nueva y amenazante. Es posible que pensamientos como “me puede pasar a mí” o “puedo contagiar a mi familia”, emerjan. Frente a ello pueden aparecer pensamientos negativos asociados a la muerte propia o de la familia, así como también temor a contagiar a los seres queridos y provocarles un daño. Estos sentimientos pueden generar tanto reacciones funcionales como disfuncionales.

Frustración: esta situación puede provocar una sensación de pérdida de libertad, de dificultad en llevar adelante proyectos y actividades personales. Puede haber pensamientos del tipo “no puedo hacer lo que hago siempre”, “no puedo terminar mi trabajo”, “quiero salir y no puedo”.

Enojo: suele ocurrir cuando experimentamos la sensación de que está ocurriendo un hecho injusto. Puede haber pensamientos del tipo de “el gobierno tendría que haber cerrado antes, esto no es mi culpa” u “otras personas no respetan la cuarentena y se aprovechan”.

Ambivalencia: es posible sentir alivio por estar en casa pero también emociones como miedo, frustración o enojo. Puede suscitarse en pensamientos del tipo “ahora puedo hacer lo que nunca hago. Aunque quisiera saber cuándo terminará todo esto”.

Desorganización: el hecho de no poder continuar con la propia rutina es un factor que desorganiza nuestra estructura psíquica; ya que perdemos la sensación de control. Es importante recordar la capacidad que tenemos para reorganizar una nueva estructura.

Aburrimiento: el aislamiento provoca que nuestra posibilidad de vincularnos para compartir tiempo con otros se reduzca significativamente; con lo cual nuestras actividades de ocio y esparcimiento disminuyen significativamente. En este sentido, pueden aparecer pensamientos del tipo “¿ahora qué hago?”, “¿cuándo podré salir a divertirme?”. Es importante utilizar los medios digitales que tenemos a nuestro alcance para seguir manteniéndose en contacto. Es recomendable hacer hincapié en que es una situación transitoria y la conducta de respetar las indicaciones es en sí misma una acción muy valiosa para usted y toda la comunidad.

Tristeza: esta situación puede darse por la ruptura de la cotidianeidad. También puede agravarse con el aislamiento y por tener contacto reiterado con noticias negativas. Pueden aparecer pensamientos del tipo “no tengo ganas de hacer nada”. Es muy importante compartir estos sentimientos con las personas con las que comparte su hogar o con otros a través de medios virtuales.

Sentimiento de soledad: la falta de vinculación puede provocar una sensación de soledad y agravarse especialmente en aquellas personas que viven solas. Pueden aparecer pensamientos del tipo “me siento solo”, “qué hago si me pasa algo”. Es necesario que la persona tenga en cuenta que otros están pasando la misma situación y que puede ser posible establecer nuevas formas para vincularnos.

Sensación de encierro: el aislamiento puede hacernos sentir encerrados y agobiados. Pueden aparecer pensamientos del tipo “quiero salir a la calle y juntarme con gente”. Siempre vale la pena remarcar lo transitorio de esta situación y la posibilidad de realizar otras actividades pendientes en el hogar es importante para utilizar recreativa y productivamente el tiempo.

Ansiedad: la situación puede provocar sensaciones desagradables en relación a la incertidumbre. A su vez, pueden aparecer conductas y pensamientos que busquen huir de la realidad. Pueden aparecer pensamientos del tipo “voy a dormir hasta que termine esto”. Es importante intentar mantener una rutina, establecer una serie de actividades para realizar durante el día y separar un espacio del mismo para el esparcimiento.

Se pueden tender a pensamientos como los siguientes:

“No pasa nada, esto no me va a afectar, están exagerando”.

“Es catastrófico, no lo van a poder controlar, estamos totalmente desprotegidos”.

“Debo aprovechar esta situación para hacer todo lo que tengo pendiente, debo ganar tiempo”.

Estos pensamientos pueden conducir a las personas a tomar conductas de riesgo, exponiéndose a sí mismo y otros. La conducta también modula las emociones.

La emoción es la desesperanza y su aparición dificulta que nuestra conducta se mantenga estable, ya que si nada sirve no tiene sentido hacer nada. Es importante que la persona pueda identificar esta emoción para comprender que la misma le hará más difícil generar una nueva rutina y respetar las normas sociales.

La emoción suscitada es la ansiedad de que algo se está perdiendo. Es probable que lo lleve a estar hiperactivo, al agotamiento y al sentimiento de fracaso. Establecer metas resulta una buena estrategia en esta situación, pero es esencial que éstas sean realistas; ya que imponer metas muy exigentes contribuirá a generar un sentimiento de que uno no rinde lo que debería.

En una minoría de casos pueden convertirse en estados patológicos: Depresivos, Desórdenes de Ansiedad, Desorden por Estrés post Traumático y en tales caso requerir tratamiento psicológico y/o psicofarmacológico.

Es necesario y fundamental realizar una tarea continua de psico-educación que empiece por reconocer las reacciones de estrés normales y esperables, no “patologizarlas” para que la población no se alarme aún más.

La gente tiene que comprender que hay reacciones que son esperables y normales y también que hay formas de aliviarlas.

Estas recomendaciones son válidas para todos, también para cuidar la salud mental de los profesionales del equipo de salud.

Mencionaremos las recomendadas por la OMS y por las asociaciones reconocidas de profesionales de salud mental:

1. Evitar sobre exposición a los medios de comunicación. Está demostrado que esta conducta aumenta el pronóstico negativo en los desórdenes psíquicos y conductuales derivados de eventos estresantes y aún más, favorece su aparición.

2. Fomentar el auto monitoreo del estado emocional y chequearlo con los familiares

3. Mantener el sueño en cantidad y calidad

4. Hacer una alimentación manteniendo las comidas en horarios habituales y la hidratación más o menos sostenida

5. Realizar actividad física aún en espacios reducidos

6. Limitar al máximo el uso alcohol, tabaco y medicaciones no prescriptas por médicos

7. Hablar y comunicar sentimientos con los seres queridos

8. Practicar estrategias de relajación con ejercicios de respiración diafragmática u otras técnicas que la persona conozca o adquiera.

9. Realizar actividades de placer (las que varían obviamente según cada persona en particular) o, al menos, breves pero frecuentes “breaks” acompañados de música, pintura, canto, lectura o lo que resulte de valor relajante y placentero

10. Consultar a un centro de salud mental toda vez que se presente ideas o conductas de suicidio, autolesiones, uso de sustancias psicoactivas para manejar la angustia, conductas agresivas hacia terceros, además por supuesto, de síntomas de descompensación de desórdenes mentales pre existentes.

Los profesionales de la salud pueden experimentar miedo, pena, frustración, culpa, insomnio, agotamiento, tristeza, anestesia emocional, cierta irritabilidad, labilidad. A nivel cognitivo pueden aparecer dificultades para la concentración y toma de decisiones, pensamientos contradictorios y sensación de irrealidad. Puede haber mecanismos de negación, también normales (“están exagerando…no es para tanto…a mi no me va a pasar nada…etc.)

Obviamente estas emociones y sentimientos no son experimentados separados de las manifestaciones físicas: disnea, opresión precordial, sudoración, temblores, cefalea, mareos, molestias gastrointestinales, contracturas musculares, taquicardia, parestesias, cambios en el apetito, entre otros

Los miembros del equipo de salud sufren también el estrés de acompañar a familiares de infectados que no pueden estar con sus seres queridos. Pueden sentir impotencia y desconsuelo por ello.

También los profesionales sufren temores por el contagio que pueda “llevar”a sus hogares, pueden auto aislarse en su propio temor y en el de los demás hacia ellos. Puede haber miedo de enfermar, de morir, de perder el control de la situación

Especialmente dirigido a los profesionales de la salud y estudiantes de las carreras de ciencias médicas se aconseja:

1. No pensar que uno tiene que estar siempre disponible y fuerte, evitar un exceso de sentimiento de altruismo que sacrifique nuestra propia salud. Esto permitirá atender mejor a los pacientes. No lo considerar una pérdida de tiempo ni vivirlo con culpa (“¿cómo puedo yo estar disfrutando o riéndome mientras tanta gente sufre?”)

2. Mantener la comunicación con los colegas, compañeros de estudio y miembros del equipo, no aislarse.

3. Respetar las diferencias entre cada personalidad, algunos necesitan hablar, otros quedarse callados y escuchar

4. Compartir las frustraciones, elogiar a los colegas y compañeros, capitalizar los pequeños logros y acciones positivas

5. Mantener el contacto con los familiares y amigos. no temer mostrarse vulnerable porque ellos son nuestro sostén.

6. Utilizar mecanismos de protección psicológica hacia la sobre información poniendo límites al uso de wassap y regular su por horarios por ejemplo.

7. Si el trabajador de la salud siente que el cambio en su estado del ánimo se mantiene y no vuelve a ser el que tenía previamente a esta situación o interfiere significativamente en su vida cotidiana y en su desempeño laboral, se recomienda consultar con un servicio de salud mental

Prof. Dra. Silvana Pujol

Prof. Dr. Gustavo Apreda

Bibliografía

Jianbo Laietals. “Factors Associated With Mental Health Outcomes Among Health Care Workers Exposed to Coronavirus Disease 2019” JAMA Network Open. 2020

Ministerio de Salud de la Nación. Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones. Recomendaciones de Salud Mental para los equipos de salud por la pandemia COVID-19

OMS. Consideraciones de salud mental y psicosociales durante COVID-19 Outbreak. Enero 2020

Sociedad Española de Psiquiatría. Documentos: “Cuidando la salud mental del personal sanitario” y “Cuide su salud mental durante la cuarentena por coronavirus”

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