Profesionales

“Epidemias en nuestro país en los siglos XIX y XX”: FABA difundió un material del Museo del Laboratorio de Análisis Clínicos

/Difusión Federación Bioquímica de la Provincia de Buenos Aires/ FABA Informa/


Material extraído de la sección “Destilando historias” del Boletín de Noticias del Centro Bioquímico Distrito I

Museo del Laboratorio de Análisis Clínicos

Primera Parte

La humanidad ha conocido epidemias desde tiempos pretéritos, ellas tienen sus propios ritmos que los siglos han ido modificando. Cada sociedad fue construyendo su forma de controlarlas con el fin de mejorar la salud pública. Nuestro país no estuvo ajeno a padecerlas, desde su fundación la ciudad de Buenos Aires sufrió periódicamente devastadoras epidemias que fueron llamadas “pestes”. La viruela y la fiebre tifoidea en el siglo XVI, el cólera y la fiebre amarilla en el XIX, años después en el siglo XX vendrían la gripe española, la fiebre hemorrágica Argentina y la poliomielitis y este siglo XXI, tampoco está exento de grandes epidemias, transformadas en pandemias como el actual COVID-19.

La aparición del cólera

A inicios del siglo XIX, la sociedad intentaba organizar los primeros asentamientos poblacionales que luego con los años se transformaron en grandes ciudades de nuestro país, pero poco sabían de enfermedades y de su propagación, quizás por ello el cólera apareció en Argentina en reiteradas oportunidades durante la segunda mitad del siglo XIX: 1867-1869, 1873-1874, 1886-1887 y 1894-1895.

El cólera (del griego bilis) también llamado “enfermedad negra”,“diarrea colérica”, “cholera morbus”, “cholera gravis” entre otros nombres, era una epidemia (del griego epi, por sobre y demos, pueblo) que asolaba en Europa Occidental. Desde 1830 se difundió principalmente a través de barcos hacia Argentina y otros países de América, como Brasil y Paraguay, generando así una pandemia (del griego pan, todo y demos, pueblo).

Por aquellos años los paradigmas que determinaban el accionar de la medicina eran fundamentalmente la teoría miasmática, según la cual los miasmas (vocablo griego que significa contaminación), definían a un conjunto de emanaciones fétidas de suelos y aguas impuras, que llevaban partículas las cuales al ingresar en el cuerpo humano provocaban la enfermedad (del latín “infirmitas”, falto de firmeza). Por otro lado, la teoría del contagio según la cual la dolencia se producía por el contacto de una persona enferma con una sana. El predominio de esta teoría hizo que se ignorara el descubrimiento del médico italiano Filippo Pacini (1812- 1883), quién en 1854 aisló en el intestino de pacientes con cólera, microorganismos a los que llamó «vibriones», por su motilidad. En ese mismo año, en Londres, el Dr. John Snow (1813-1858), médico precursor de la epidemiología, estableció que el cólera era causado por el consumo de aguas contaminadas.El Dr. Robert Koch (1843-1910), treinta años después, publicó los resultados de sus trabajos y los medios para luchar contra el agente causal del cólera, una bacteria que en 1965 fue nombrada Vibrio cholerae en homenaje al Dr. Pacini.

En la década del sesenta del siglo XIX, Buenos Aires se reincorporaba a la Nación y se convertía en la sede de las autoridades de una Argentina unificada. Fue así que la ciudad conoció un crecimiento sostenido impulsado por las actividades portuarias y la pujanza de la región pampeana. El escenario urbano contaba con ferrocarriles y tranvías a caballo, los bancos se multiplicaban y el Teatro Colón era epicentro de galas musicales. Pero por otro lado, en la ciudad solo unos pocos miles de habitantes obtenían agua sin impurezas, con lo cual las enfermedades seguían acechándola a pesar de su crecimiento. Se desconocía la eliminación de la basura y esta era empleada para rellenar calles y paseos, las casas de inquilinato no estaban reglamentadas, el Riachuelo, los saladeros, los mercados, los cementerios, la insuficiencia de hospitales, eran problemas sanitarios que preocupaban seriamente a los hombres al frente de la campaña por la salud pública.

El cólera incidió de forma distinta sobre las ciudades argentinas. En el primer brote (1867-1869), Buenos Aires fue una de las más afectadas ocasionando la muerte de miles de habitantes, entre ellas la del vicepresidente en ejercicio de la presidencia el Dr. Marcos Paz en 1868. Eran tiempos de la guerra contra Paraguay (1864-1870) y con ella la presunción de que los barcos brasileños traían el cólera, que estaba haciendo estragos en su población y en las tropas de los ejércitos. Este brote tuvo efectos devastadores sobre la población de Buenos Aires produciendo más muertes que las ocasionadas por la Guerra de la Triple Alianza, caracterizada por haber sido sumamente cruenta. La medicación seguía siendo empírica y en gran medida ineficaz. Los médicos recomendaban a las personas que pudieran, desalojar las ciudades infectadas y que no regresaran hasta que haya desaparecido completamente la epidemia.

Siguientes brotes

Otra ciudad afectada fue Córdoba, en menor medida. El segundo brote (1873-1874) fue especialmente devastador para el interior del país, se difundió a través del tren a Córdoba, Santa Fe, Tucumán, Santiago del Estero, Mendoza y Catamarca. Las ciudades más afectadas fueron Rosario, Tucumán y Mendoza, alcanzando índices de mortandad diaria muy alta. El siguiente brote de cólera (1886-1887), encontró a la ciencia mejor provista de conocimientos. Los progresos en bacteriología permitían al menos un diagnóstico, si bien el conocimiento de la causa de la enfermedad no representó, en lo inmediato, mejores posibilidades de prevención y tratamiento. Esta epidemia fue una de las más crueles y difundidas, provocando en las provincias muchísimas víctimas siendo como la más grande de cuantas han invadido nuestro territorio. La observación médica había puesto de manifiesto que la epidemia de cólera se ensañaba con las clases sociales más bajas, los que vivían en la ribera y las personas poco aseadas. Dos medidas se tomaron en forma inmediata: se internaron a los enfermos en la Casa de Aislamiento (actual Hospital Muñiz) y el presidente Julio A. Roca, estableció la cremación cadavérica.

No obstante estas medidas hubo un nuevo brote entre 1894 y 1895. Este no fue tan grave en Capital Federal por su mejor organización sanitaria a diferencia del interior del país que distaba de ser satisfactoria. Entre estos brotes de cólera, en 1871 apareció una nueva epidemia, la fiebre amarilla, que abordaremos en el próximo destilando. Ante los signos alarmantes del deficiente sistema de agua potable, las autoridades tomaron la decisión de proveer a la capital de una red de agua potable, para lo cual se inicia en 1887 la construcción del edificio que alojaría los tanques de agua corriente, hoy conocido como El Palacio de Aguas Corrientes concluido en 1894. Buenos Aires, fue la primera ciudad de América en tener una red de agua potable.

Fuentes

• http://rasp.msal.gov.ar/rasp/articulos/volumen5/hitos-y-protagonistas.pdf
• https://historiaybiografias.com/colera_argentina/
• La aparición del cólera en Buenos Aires (Argentina), Revista de Historia Regional y Local, Vol 4 Nº 8 Jul-Dic 2012.
• Adrián Carbonetti y María Laura Rodríguez, Las epidemias de cólera en Córdoba a través del periodismo, periodismo, Vol.14, Nº.2, p.405-419, abr.-jun. 2007.

Categorías:Profesionales

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s