La OPS incorpora la vacuna argentina ARVAC contra Covid

/Fuente: Federación Bioquímica de la Provincia de Buenos Aires /


Desarrollada por el Conicet y la UNSAM, y producida en escala por el Laboratorio Cassará está basada en tecnología proteica de última generación, es segura y de muy baja reactogenicidad.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) aprobó ahora la inclusión de la vacuna COVID de Cassará en su Fondo Rotatorio, permitiendo a los países de América Latina y el Caribe acceder por primera vez a una vacuna producida íntegramente en la región, basada en tecnología proteica de última generación. La decisión marca un punto de inflexión en la etapa pospandémica, al ofrecer a los sistemas de Salud una opción local con alta eficacia, bajo perfil de efectos adversos y ventajas logísticas inéditas frente a las vacunas de emergencia importadas.

La compra de la vacuna por el Fondo Rotatorio del organismo sanitario, desarrollada por el Conicet y la UNSAM, y producida en escala por el Laboratorio Cassará, marca un punto de inflexión en la estrategia de plataforma proteica para el COVID.

En un continente donde la espera por vacunas siempre fue una carrera contra el reloj y la distancia, ARVAC marca el momento en que América Latina deja de depender de soluciones ajenas y toma en sus manos la llave de su propia protección: una vacuna nacida en laboratorios locales, pensada para los desafíos y realidades de la región, que transforma la inmunización en un acto de soberanía y colaboración científica.

Desde 2026, la OPS habilita la adquisición de la vacuna ARVAC, desarrollada por Cassará en Argentina, como parte de su estrategia para reducir la dependencia de insumos médicos críticos provenientes de fuera del continente. Según el listado oficial de precios, la vacuna figura con la oferta más competitiva, tanto en presentaciones monodosis como multidosis, consolidándose como alternativa local para los programas nacionales de inmunización.

Respuesta inmunológica robusta

La vacuna ARVAC Cecilia Grierson representa una de las primeras adaptaciones proteicas a las variantes circulantes actuales de COVID. Sus ensayos clínicos, publicados en revistas como Nature Communications y Vaccine, muestran una respuesta inmunológica robusta, en particular en adultos mayores y personas con factores de riesgo como afecciones cardiológicas, respiratorias o diabetes. A diferencia de las vacunas de ARN, que provocan efectos adversos en más del 50% de los vacunados —dolor de cabeza, fatiga, dolores articulares y musculares, entre otros—, ARVAC destaca por su muy baja reactogenicidad.

Según Jorge Cassará, presidente de la Fundación Cassará y director del Laboratorio, “no son muchos los países que pueden diseñar, desarrollar y producir vacunas innovadoras. Este es un nuevo hito de un proyecto interdisciplinario de más de veinte instituciones públicas y privadas y constituye un ejemplo de lo que se puede lograr en Argentina cuando se trabaja en equipo”.

El desarrollo de ARVAC no solo es innovador desde el punto de vista científico, sino también por su modelo de producción. Involucró la labor conjunta de más de 500 profesionales de 20 instituciones diferentes en Argentina, consolidando un paradigma de colaboración público-privada para la fabricación de biológicos de alta complejidad. Desde la perspectiva de la OPS, tal enfoque reduce de manera tangible la exposición a problemas de abastecimiento, fenómeno que quedó expuesto durante los momentos críticos de la pandemia.

“La disponibilidad de una vacuna COVID de tecnología segura y de muy baja reactogenicidad como la vacuna de Cassará ARVAC, representa una oportunidad estratégica para recuperar la confianza en vacunas y mejorar las coberturas de vacunación”, puntualizó el doctor Marcelo Corti, integrante de la Academia Nacional de Medicina de Argentina.

El giro más relevante que introduce la vacuna de Cassará radica en su diseño para los desafíos prácticos de la epidemiología regional. La ARVAC se presenta en forma líquida lista para usar y está disponible en versión monodosis, lo cual reduce los desperdicios hasta en 80% frente a las presentaciones multidosis habituales de las vacunas importadas.

Además, a diferencia de las vacunas de ARN mensajero que requieren temperaturas de hasta -80 ℃ (-112 ℉), la vacuna de Cassará se conserva en heladeras convencionales, entre 2 ℃ y 8 ℃, manteniendo su vigencia durante 24 meses; un salto logístico sobre las 10 semanas de estabilidad que ofrecen las opciones de emergencia una vez descongeladas.

Esta extensión de la vida útil transforma la flexibilidad operativa de las campañas de vacunación, facilitando el acceso en zonas rurales o periféricas, donde el equipamiento de cadena de frío es limitado. Al tratarse de un producto regional, la ARVAC se distribuye con empaques en español —incluyendo prospectos y fechas de vencimiento en formato local—, lo que evita confusiones propias de las vacunas importadas con etiquetado en inglés y formatos de fecha diferentes. En cuanto al impacto en salud pública durante la pospandemia, autoridades y expertos subrayan que el contexto actual se caracteriza por una caída de la percepción de riesgo y una renuencia creciente de la población a las campañas de refuerzo. No obstante, el COVID sigue generando contagios y secuelas persistentes, como neblina mental y deterioro cognitivo, según subrayan fuentes del sector sanitario.

La decisión de la OPS se enmarca dentro de un plan más amplio de fortalecimiento biofarmacéutico y soberanía sanitaria en América. El director de la OPS, doctor Jarbas Barbosa, lo definió así en directrices recientes: “La producción regional de vacunas es un componente esencial de la seguridad sanitaria en las Américas. El fortalecimiento de las capacidades industriales locales representa un paso concreto para reducir la vulnerabilidad logística, mitigar la dependencia de proveedores externos y garantizar un acceso equitativo y oportuno a tecnologías de salud de alta calidad durante emergencias y programas regulares de inmunización”.

Innovación y producción

Desde su fundación en 1948, Cassará mantiene un perfil ligado a la innovación y la producción de biológicos complejos, incluyendo medicamentos biosimilares y vacunas recombinantes como la de la Hepatitis B, y ahora lidera la fabricación local de vacunas COVID adaptadas a las demandas actuales.

La protección que ofrece ARVAC se basa en el uso de tecnología de antígeno recombinante con hidróxido de aluminio como adyuvante, un enfoque tradicional y seguro que replica el diseño de la vacuna contra la Hepatitis B desarrollada por el laboratorio Cassará hace tres décadas y utilizada desde entonces en recién nacidos.

En relación con ARVAC, los datos del estudio de Fase III indican una incidencia muy baja de eventos adversos sistémicos y, en la mayoría de los casos, la respuesta a la vacuna resulta indistinguible de la observada con el placebo.

Los resultados sobre el alcance de la protección y el perfil de seguridad de la vacuna recibieron una valoración positiva por parte de especialistas, especialmente ante la actual circulación viral y los bajos niveles de cobertura de vacunación.

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