Universidad

El CONICET entregó el legajo reconstruido del físico detenido desaparecido Federico Lüdden, docente de Exactas y becario del organismo

/Difusión Facultad de Ciencias Exactas UNLP /


El Profesor Fidel Schaposnik recibió la carpeta correspondiente a Federico Lüdden, físico, docente de Exactas y becario del organismo

El acto de reparación, inédito en la historia del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), tuvo lugar el pasado 24 de marzo en la sede  del Centro Cultural de la Ciencia (C3) y fue posible gracias al trabajo realizado por la Comisión de la Memoria del Consejo, creada en 2021 para este fin, por resolución de la presidenta del organismo Ana Franchi.

Del acto participaron Alberto Fernández, Presidente de la Nación, Presidencia y Directorio del CONICET, ministros y ministras nacionales, directores/as del CONICET de todo el país, autoridades y representantes de Universidades Nacionales organismos de ciencia y tecnología, referentes de Derechos Humanos, miembros de la comunidad científica y trabajadores/as del Consejo

La Facultad de Ciencias Exactas estuvo presente con una nutrida  delegación, entre quienes se encontraban el Decano de Ciencias Exactas, Dr. Mauricio Erben, el Director del Instituto de Física La Plata (IFLP), Dr. Carlos Naón, el Prosecretario de Ciencia y Técnica de la la UNLP, Dr. Nicolás Rendorff,  el Prosecretario de Derechos Humanos y miembro de la comisión de la memoria de CONICET desde su gestación, Dr. Mario Rentería, y el Profesor Dr. Fidel Schaposnik, quien recibió el legajo reparado de su colega Federico Lüdden.

Durante el homenaje, Ana Franchi remarcó el rol del Consejo durante la dictadura como organismo del Estado que «por acción u omisión ha sido cómplice de las violaciones sistemáticas de los derechos humanos, los derechos de su propia comunidad»,  destacó la tarea que lleva adelante la Comisión de la Memoria del CONICET en la reparación de los archivos y la resconstrucción de los legajos, y se comprometió a luchar para que nunca más se repita la violencia y la persecución en el organismo.

Por su parte, el presidente de la Nación, Alberto Fernández, sostuvo que las dictaduras siempre le temieron al pensamiento,  agregó que «es hora de que   todas y todos sepamos lo que ocurrió y que hablemos sin medias tintas».

Hubo muchos testimonios  conmovedores durante el acto (ver nota CONICET), pero particularmente queremos poner el acento en el recuerdo del docente de Exactas Federico Lüdden, uno de los ocho legajos reconstruidos, por lo que compartimos las palabras de su compañero y amigo, el Dr Fidel Schaposnik:

Conocí a Federico Lüdden como compañero de ayudantía en el curso de Física 2 de la Facultad de Ciencias Exactas (él era ayudante diplomado, yo ayudante alumno). Entre risas nos hicimos amigos porque el profesor de la materia (cuyo nombre prefiero olvidar) nos prohibió usar la letra para indicar a los números naturales en temas de electricidad porque confundiría a los alumnos en las clases de óptica en la que designaba el índice de refracción… Nos indicó que en problemas de electricidad debíamos usar la letra sin comprender (entre tantas cosas) que lo importante en la Física no son los nombres sino los conceptos. Luego, en los negros tiempos que comenzaron en 1975 no fue clara la actuación de este profesor en relación a la desaparición de Federico.

Federico fue uno de mis mejores amigos. En 1973 comenzamos a estudiar juntos la «Crítica de la Razón dialéctica» de J.P. Sartre, a leer y discutir «Razón y violencia» de R. D. Laing y D. G. Cooper y «Los condenados de la tierra» de F. Fanon… Largas noches de discutir (y amasar tallarines) entre nosotros y un crítico de cine, un artesano, otros físicos en la casa de un pintor hiperealista.

Mi último abrazo a Federico tuvo lugar cuando fui a despedirme la noche anterior a mi partida de la Argentina, la noche del 9 de noviembre de 1974. Con la casa a oscuras tardó unos minutos en abrir la puerta; lo hizo recién cuando desde alguna ventana  identificó la patente de mi 2cv. Ya por entonces sabía del peligro que corría.

Me enteré de su secuestro y muerte cuando el «concierge» del edificio en el que vivíamos con Patricia pasó por debajo de la puerta, un sábado por la mañana, el sobre de la versión semanal resumida que el siempre abyecto diario La Nación ofrecía. Anunciaba la muerte de Federico en «un enfrentamiento» siendo que había sido secuestrado, como supe después por otro amigo que logró esconderse. Él pudo ver cómo varios autos y una camioneta de la autodenominada «Armada Argentina» se llevaron a Federico en condiciones que prefiero omitir.

Los padres de Federico están muertos. No pudimos ubicar a sus hermanos. Fue por ello que se decidió que fuera yo quien recibiría el legajo de mi amigo reconstruido y reparado por el CONICET y la Comisión de la Memoria.

Sabía que sería duro, pero no quise que sucediera lo que relata Giuseppe Ungaretti en memoria de su amigo Moammed Sceab: «E forse io solo/so ancora/che visse» (In Memoria, «L’Allegria  Tutte le poesie», Mondadori, 2005.

Todos hemos estado en  una estación de trenes despidiendo a una persona. Hemos sentido alejarse el tren llevándosela lejos. Luego, al recorrer el andén, de vuelta a casa, suele suceder que la persona que acaba de irse esté más presente, más totalmente presente que cuando nos abrazamos antes de que subiera al tren. Tal vez cuando nos abrazamos al despedirnos, lo hagamos por esta razón, para tomar lo que queremos guardar de quien se va.  El legajo de Federico que me han entregado me acompañará como uno de mis más caros recuerdos.

Fidel A. Schaposnik, 25 de marzo de 2022.

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